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viernes, 16 de diciembre de 2011

La Justicia investiga a Mitre y a Magnetto por la causa de apropiación de Papel Prensa

Hace muchos años que se viene denunciando el despojo accionario a la familia Graiver por parte de las Fuerzas Armadas en complicidad con los diarios Clarín, La Nación y La Razón. Ahora, la Cámara Federal resolvió que el expediente que lo investiga se tramite en los tribunales porteños.



La Cámara Federal resolvió por sorteo designar al juez Julián Ercolini para hacerse cargo de la investigación contra Héctor Magnetto y Bartolomé Mitre sobre presuntos delitos de lesa humanidad que habrían enmarcado el traspaso de la empresa Papel Prensa a los accionistas privados La Nación, Clarín y La Razón en 1976, en los inicios de la dictadura. Ya el juez porteño Daniel Rafecas había estimado que había delitos de lesa humanidad, por lo que el expediente pasó a La Plata donde se investigaban delitos similares. Pero, por una cuestión de procedimiento, la Sala Primera de la Cámara apartó a Rafecas, y ratificó la causa ante los tribunales federales de la Capital Federal.



Fue en territorio porteño donde, según las denuncias de los sobrevivientes, se produjeron los “aprietes” y las torturas para que los familiares de David Graiver traspasaran las acciones a esa sociedad entre los principales diarios privados y el Estado Nacional en manos de los dictadores. Fueron los camaristas Eduardo Farah, Eduardo Freiler y Jorge Ballestero quienes resolvieron que la causa se investigue en los tribunales federales locales, pero con otro magistrado.



Ercolini (el juez ahora a cargo) es secretario de Cámara, menor de 50 años de edad, considerado independiente por sus pares y de bajo perfil. Según informa el diario Tiempo Argentino, a fines de abril pasado, los fiscales federales Rodolfo Marcelo Molina y Hernán Schapiro dictaminaron que “la presunta transferencia compulsiva de las acciones de Papel Prensa SA, de la que eran propietarios algunos de los integrantes del denominado Grupo Graiver a las empresas La Nación, Arte Gráfico Editorial Argentino (AGEA) y La Razón habría consistido en un conjunto de acciones pergeñadas y ejecutadas en su casi totalidad en la Ciudad de Buenos Aires, con la directa intervención de la junta militar en colusión con los civiles denunciados, en el marco de una persecución por motivos políticos, económicos y religiosos, desatada desde el aparato terrorista estatal”.



La causa se disparó por denuncia de otro juez, el titular del juzgado en lo Civil y Comercial número dos, Eduardo Malde. En una asamblea celebrada en Papel Prensa en mayo de 2010, un veedor judicial enviado por el juez escuchó los relatos sobre torturas por parte de la viuda de David Graiver, Lidia Papaleo; de su ex testaferro Rafael Iannover, y del ex propietario del diario La Razón, José Pirillo. Formuló la denuncia y Rafecas realizó los primeros trámites hasta que se declaró incompetente y envió el expediente, con un puñado de fojas, a Coraza. Tiempo después fue Coraza el que se declaró incompetente y devolvió las actuaciones: para ese entonces, los fiscales ya habían acumulado unos 70 cuerpos de investigación.



Como se recordará, la idea de crear una fábrica de papel en la Argentina para substituir con el esencial insumo las exportaciones que se venían realizando, fue de un economista neo desarrollista: José Dagnino Pastore, quien lo anunció en 8 de agosto de 1969. Curiosamente, el funcionario pertenecía al gobierno de un dictador, Juan Carlos Onganía, y asumía en un intento de frenar las protestas que por entonces se sucedían sin cesar en todo el país, con el fin de darle al gobierno un tono más populista y nacionalista. Este plan, en principio contó con el rechazo de los principales medios reunidos en ADEPA.



Aunque con dificultades, el proyecto siguió adelante, con el aporte de fondos a partir de un impuesto a la importación de papel para diarios (el 10%) y un aporte del Banco Industrial de la República. El intento se continuó durante el posterior gobierno de Lanusse y otro ministro de economía más desarrollista, Aldo Ferrer, continuó el proceso desde 1970 hasta el 28 de mayo de 1971. Durante ese período hubo licitaciones y venta de acciones, con la finalidad de evitar monopolios. Propietarios de acciones, entre otros, fueron César Cívita y Editorial Abril, hasta que entra en juego David Graiver, quien se estima que había invertido en la futura fábrica de papel cerca de 15 millones de dólares.



Finalmente, en 1976, tras la muerte dudosa de Graiver, la dictadura de Videla “ofrece” la fábrica, y el control del insumo, a cuatro diarios: La Nación, La Prensa, La Razón y Clarín. La Prensa se niega a participar por razones éticas, y los otros tres “compran” muy baratas las acciones de los Graiver, entre otros, y pasan a controlar el papel, con el apoyo de la dictadura, lo que se mantiene hasta el día de hoy, en que Clarín duplica sus acciones, por la compra de una casi quebrada La Razón y aumenta su poderío, gracias a la denunciada restricción del papel a su rival de entonces, “Crónica”.



El resto de los diarios del país, que no pertenecen al grupo y a su aliado La Nación, siguen esperando una justicia que todavía tarda demasiado en hacerse presente.

martes, 11 de enero de 2011

"La Nación" ayer, hoy y ¿siempre?

Quisiera empezar el año con una pequeña curiosidad.

Ya conocen mi opinión acerca del periodismo, y lo mal que lo ejercen los grandes medios. Por algo empezamos con Prensa Libre hace 24 años; veíamos que los grandes medios ninguneaban a los barrios, a la "gente común", y sólo se ocupaban de las ciudades y los pueblos de las provincias argentinas cuando una tragedia, un crimen o alguna figura más o menos popular los visitaba.

Por esa época supimos que había miles de medios y periodistas de todo el país, más o menos modestos, más o menos profesionales, pero dignos, que procuraban lo mismo que Prensa Libre: llegar al lector en su propio barrio y contarle lo que los grandes medios escondían.

Y no es extraño y no tiene nada que ver con la idea política de cada uno. Cuando más grande es un medio, más grande es la empresa que lo sostiene, y cuando ésta es casi un monopolio que cuenta con infinitos medios, y también con intereses financieros, inversiones diversas, participación en la bolsa y hasta capacidad de lobby y aliados en todos los ámbitos... Bueno, ya no se trata del cuarto poder sino del primero, o del segundo aliado con el primero.

Uno de estos "grandes" es el diario "La Nación", siempre, desde su propio origen, representando a los sectores ligados al poder económico y político, haciendo gala de su capacidad de cambiar leyes, torcer a la justicia a los dirigentes políticos y a los presidentes.

Por lo menos, esto es lo que se desprende con claridad de un artículo debido a un médico, político, periodista y escritor argentino, que le dio su apellido a un municipio del gran Buenos Aires: Eduardo Wilde.

Sin más interferencias, aquí va un fragmento de su nota: “La nación” y su partido, escrita en 1885.

“La nación” y su partido

“(…) "La Nación" tiene, como su dueño, una tradición. Se fundó para sostener el gobierno del General Mitre y debió su éxito primero a una nimiedad, al hecho de poner en lo alto de la primera página la salida de los trenes, lo que lo asemeja a una guía, y por lo tanto le daba grande importancia, pues por aquellos tiempos no había guías en Buenos Aires.

Por estas épocas el partido mitrista estaba en derrota y sus afiliados se ocupaban de dos cosas:
lº Leer "La Nación" era cosa de conciencia.
2º Tramar revoluciones.

"La Nación" progresaba, se vendía como se vende la biblia en Inglaterra, y le sucedía lo que le sucede a la misma biblia: nadie la entendía.
Pero eso no importaba.

Un mitrista, por aquellos días, no almorzaba antes de leer "La Nación", como los curas que no almuerzan antes de decir misa.
Una vez leída "La Nación", ya estaban listos para todo, briosos y contentos; El sastre les podía tomar medida, para hacerles ropa, podían hacerse cortar el pelo; se resolvían a pasar por la casa de sus novias, y se hallaban, en fin, en actitud de emprender las más grandes conquistas y de discutir amplia e inútilmente todos los problemas sociales.

¿Ha leído Ud. "La Nación? se preguntaban unos a otros en la calle.
Una mirada terrible era la sola contestación, una mirada que quería decir: ¿Acaso no soy hombre?

El hecho es que en aquella época, el partido mitrista era una religión con todos sus atributos, y cada mitrista un devoto fanático, intransigente, apasionado y sincero. Creer en Mitre era creer en Dios.
No eran los suscriptores quienes sostenían "La Nación"; era la fe, la creencia en un Mitre supremo creador y orador de todas las cosas, aunque todas le salieran mal.
Esta idolatría ha continuado; la religión de Mitre ha perdido, es cierto, la mayor parte de sus adeptos, pero todavía cuenta numerosos y arrumbados sus creyentes que sostienen el culto y se desayunan con "La Nación".

¿Cuál ha sido entre tanto el papel de ese gran diario en la política del país?
El mismo que el de su actual propietario.
Sirvió un tiempo para mucho; hoy no sirve sino para anular a sus allegados.

Desde los primeros días del gobierno de Sarmiento, "La Nación" abrió campaña contra él, y la campaña más o menos violenta ha continuado contra todos los gobiernos (…)

La razón de la impotencia de "La Nación" es su falta de tino práctico; su manía de ir contra los hechos, su vanidoso amor por las fórmulas vacías, sus utopías cambiantes, sus principios de ocasión que cambian con el viento del día, su imprevisión, en una palabra: Sí, su imprevisión.
Esta palabra debería figurar en la casa, en el templo, quisimos decir, de "La Nación", como un epitafio.

(…) "La Nación" sería un diario de verdadera importancia si tuviera principios, lógica, consecuencia, previsión y amor bien entendido por su partido.
Así como está, solo es una empresa comercial en la que (…) noticieros y cronistas ven pasar los años envejeciéndose en el santo temor de Dios.

(Eduardo Wilde, "Fígaro", octubre 28 de 1885)

martes, 30 de noviembre de 2010

250 mil secretos revelados, pero uno sólo es tapa de La Nación

Y sí, La Nación es inefable. Sus periodistas, que suelen retorcer la realidad para acomodarla a los intereses de sus dueños (Bartolito Mitre y Saguier), hoy se pasaron de la raya.

Si la noticia que sobrevuela las tapas de los grandes diarios es la revelación de que los Estados Unidos espiaba a todos los gobiernos del mundo, incluidos los aliados, y se revelan los 250.000 documentos, La Nación elige uno. Sí, uno sólo, el que más conviene a sus intereses: el espionaje al gobierno argentino, y lo titula de una manera asombrosa: “Duros conceptos de la diplomacia norteamericana sobre los Kirchner”.

Para el que no sabe cómo funciona el periodismo, acá tiene un excelente ejemplo: se recibe la información, se selecciona, se descarta, se excluye, se privilegia, se elige y luego se publica.

Muchas veces se oculta una noticia, porque se cree que al no llegar la información a los lectores, ésta no existe. Por ejemplo: si están en contra de un gobierno, se ocultan las noticias que lo benefician (o se las relega a las últimas páginas) y se pone en tapa las que lo perjudican. En el caso de estar a favor de un gobierno, actúan al revés. Por ejemplo: en épocas de dictadura, La Nación y Clarín omitían la información sobre secuestros y desaparecidos o sobre robos de bebés, y ponían en tapa la información proveniente de las oficinas de prensa dictatoriales.

Y no sólo en la Argentina. Hay que tener en cuenta que esta información revelada en estos días por el sitio Wiki Leaks fue proporcionada, no a un diario, sino a varios al mismo tiempo. ¿Por qué? De esa manera se impedía un ocultamiento. Si se hubiera proporcionado sólo a New York Times, por ejemplo, nadie garantizaba que este diario no hubiera consultado primero con su gobierno y que hubiera decidido publicar o no de acuerdo a sus intereses, o la tajada de prestigio o de ventas que hubiera obtenido. Por eso, los que hicieron las revelaciones (cualquiera hayan sido sus reales intenciones), brindaron esa información a varios diarios de distintas partes de mundo al mismo tiempo.

Esos diarios, que habían recibido información sobre atrocidades norteamericanas en Irak, ya las habían publicado, por eso ofrecían cierta garantía. Y lo más importante: cualquiera hayan sido sus intereses y sus compromisos, al saber que todos recibían la información al mismo tiempo, no se podían arriesgar a ocultar nada, porque hubieran quedado en evidencia, y el desprestigio sería mortal.

Pero volviendo a la Argentina, La Nación deja bien en claro qué es lo que privilegia. Elija: ¿La información o su odio hacia el gobierno? Y lo hace de una manera brutal: acentúa la “preocupación” de la diplomacia norteamericana por la “salud mental” de la presidenta. Hoy, con la credibilidad de la diplomacia yanqui por el piso destaca esa “preocupación” sobre la presidenta, cuando, quizás, debería dudar sobre la salud mental de los funcionarios norteamericanos.

Ante esa actitud de la diplomacia yanqui, repudiada hoy por todos los gobiernos del mundo. Ante las 250 mil informaciones reveladas, La Nación elige una: la más colateral, la que le sirve a sus intereses, la que genera una realidad virtual. Y elige dejar de lado la realidad, la verdad, la información general. Privilegia en tapa sus intereses, por sobre el de sus lectores.

Claro, si estos grandes multimedios jamás informan sobre las denuncias que pesan sobre ellos de malversaciones, evasión de impuestos, lavado de dinero, despidos injustificados, incumplimiento de leyes laborales, complicidades con gobierno s de facto, entre otras cosas, ¿quién puede creer que ahora van a informar sobre la realidad?

Porque se puede tener cualquier tipo de opinión y postura política, como la que tuvo siempre La Nación, en defensa de un sector social determinado. Pero lo de estos tiempos…

En los tiempos en que vivía el general (Mitre, el fundador), seguro que a Bartolito y a Saguier los mandaba a la primera fila del ejército de la Triple Alianza, para que los bravos paraguayos les enseñaran a ser menos atrevidos.

martes, 23 de noviembre de 2010

Si algo le faltaba a Clarín es una nueva acusación en su contra

Cada día que pasa se suman las denuncias y, casualmente, no son como aquellas que suele realizar el matutino con frecuencia. Generan intervenciones judiciales, procesamientos, causas que no cierran, citaciones ante juzgados… Exactamente al revés de lo que ocurre con sus rimbombantes titulares, flores de un día que se van marchitando hasta desaparecer en las páginas interiores del diario.

A las denuncias por Papel Prensa (reales, con dueños de diarios que denuncian presiones, aumentos y falta de entrega del insumo básico), se suman las ya viejas investigaciones por lavado de dinero (tanto para Clarín como para su socio La Nación), impuestos que no se pagan, transferencias de fondos al exterior, compra de dólares al por mayor, etc. Y como si fuera poco, avanzan las investigaciones por la presunta apropiación de hijos de desaparecidos, en días cruciales, donde se juega hasta la libertad de sus directivos.

Y a ello se suman las denuncias por negocios poco claros con la venta de acciones del diario a las AFJP, lo que implicaría una considerable estafa al grueso de los aportantes del sistema jubilatorio hoy vuelto al Estado.

Pero lo más grave es que cada día aparecen nuevas pruebas sobre la connivencia de Clarín, y otros medios, con los golpistas de todas las épocas. Aquellas fotos del brindis con champagne de Ernestina, Videla y Mitre, que marcan una relación estrecha, son un poroto al lado de la participación del ex secretario de redacción del diario, Reinaldo Gregorio Bandini (declarada por él mismo en una carta documento enviada a Ernestina Herrera de Noble) en las adopciones de Marcela y Felipe, hoy herederos del Grupo. Es que Bandini era el nexo entre la cúpula militar y el diario, y llegó a ser instructor de represores. Este hombre, citado por estos días por la Justicia, es uno más del entorno del Grupo que puede aportar nuevas pruebas sobre los manejos, aparentemente bastantes oscuros, que envuelven al multimedio.

Pero como si fuera poco, acaba de conocerse una nueva denuncia, esta vez del secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde, quien presentó un memorándum enviado al presidente Arturo Frondizi (hoy en el archivo de la Biblioteca Nacional), donde se denuncia que el propio Roberto Noble (dueño de Clarín), intentaba presionar a Frondizi, en junio de 1960, para que interviniera la provincia de Córdoba a despecho de la opinión de la legislatura.

El memorándum, escrito por el ministro del interior, Alfredo Vítolo, dice de Noble: “Me reiteró que se lo trasmitiera urgente. Que si Ud. adoptaba esa posición, él con su diario, se encargaba de la opinión pública general y lo apoyaría en todos los órdenes. Pero que lo haga”.

Pareciera que esa relación con golpistas, Clarín la tiene desde su propio origen.

Pareciera que los manejos turbios y el desprecio por sus lectores y por la vida democrática ya se hubieran hecho carne en esos papeles manchados con tinta.

Pareciera que ya no quedaran ni siquiera vestigios de los preceptos periodísticos que debieran guiar el trabajo de la prensa.

Es triste pensar que durante más de medio siglo, en lugar de estar al servicio de la verdad y de la información, sólo defendieron intereses particulares y adecuaron a ellos la realidad de un país.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

La Nación y sus enredos periodísticos

Para escribir un artículo de análisis, aun una nota de opinión, no es suficiente el “yo creo”, de esas típicas manifestaciones de deseos políticos, de esas ganas de expresar convicciones personales, que es común observar en los que recién se inician en la profesión periodística.

Un periodista avezado, en cambio, no da opinión directa sino que presenta hechos, los desmenuza, los muestra desde distintos ángulos y finalmente sugiere sus explicaciones, aunque deja abiertas interpretaciones diferentes, como para que sea el lector el que extraiga contenidos propios y llegue a conclusiones que armonicen con sus conocimientos y creencias previas.

Esto dicho rápidamente y sin demasiada precisión, es la esencia del periodismo, con el que generalmente se concuerda en la profesión y es lo que con matices se enseña en cualquier escuela.

Pero la realidad es otra, cuando el periodismo se ejerce, no desde un medio informativo sino desde uno político partidista, donde se intenta convencer al lector de las bondades de una postura o de una idea, donde la intencionalidad no es informar con más o menos objetividad (dentro de lo que permiten las reglas del dueño del medio o de los prejuicios del periodista).

Y no es criticable que esto sea así. Lo criticable es que se trate de engañar al lector, tratando de hacerle creer que un medio es meramente informativo y que no intenta convencer de que A es mejor que B. Porque un periódico partidista que pone en su tapa a qué grupo pertenece es totalmente leal a sus lectores, que estarán avisados de qué clase de información obtendrán allí.

Y con esta sucinta explicación vamos al punto. Los grandes medios de prensa que hoy se presentan como “independientes” y “al servicio de la libertad de prensa”, son representantes de determinados intereses. En la época en que un diario era sólo eso, cuando no conformaba un grupo con intereses en las finanzas, la industria, el campo y el espectáculo, por ejemplo, se podía creer que así fuera. Respondía a los intereses del diario, que tenía un lema y una característica, que podía ser más grande o más chico, pero que tenía que sostenerse a sí mismo y nada más y que lógicamente debía velar por sus intereses para sobrevivir.

Por ejemplo La Nación, desde sus comienzos fue, según su fundador, Bartolomé Mitre, una “tribuna de doctrina”. Siempre expresó un ideología, la del poder real, la del establishment. Desde sus páginas defendió a los grandes ganaderos y terratenientes (y allí estaba concentrada la mayor información sobre ellos), a los grandes grupos económicos industriales, financieros y de servicios, y desde ese postura daba indicaciones sobre cómo se debía gobernar y cuáles eran las mejores medidas para favorecer los intereses de los sectores que representaba. Eso se llama trasparencia. Uno leía La Nación y sabía cuánto le quedaba a un gobernante que no acatara las reglas que se imponía desde sus páginas. Y no es que fuera La Nación el poder, era simplemente la voz del poder, la que expresaba lo que el poder necesitaba en cada momento. Y eso fue así por los años y los años, y aún hoy conserva su lema, para conocimiento de sus actuales lectores.

La diferencia entre épocas pasadas y más actuales está en el profesionalismo. La Nación supo rodearse de grandes plumas, que tenían libertad para expresar su pensamiento o su arte sin interferencias (Rubén Darío o José Martí son cabales ejemplos), podía contar con excelentes periodistas, con visiones personales y escritura de primera. Hasta hace poco se distinguían Tomás Eloy Martínez, Mario Diament o Fernández Moores, entre otros.

Pero eso fue cambiando con el tiempo y en la actualidad da realmente pena leer sus páginas. Quien esto escribe, un fanático del diario desde la década del ’60, ve con nostalgia cómo los intereses económicos son determinantes en la profesionalidad del medio. Por supuesto, quedan excepciones, cada vez menos, pero francamente, las notas principales dan, como suele decirse, vergüenza ajena.

Un ejemplo de ello son las notas de Morales Solá, que si bien nunca se caracterizó por la claridad y agilidad de su escritura, podía permitirse, hace años, algunos análisis de la realidad de cierto interés y que aportaban elementos al lector.

Hoy, leo con estupor en su editorial del lunes, donde trata de vincular la actualidad política a los problemas de salud del diputado Néstor Kirchner, que éste tuvo un “enredo de las arterias”, que tiene “aspecto de un hombre frágil” y: “Ya era antes un político débil” (…) “con signos inexplicables de cierto envejecimiento”. Todo esto como explicación de un problema de salud y sus antecedentes es, por lo menos, bastante pobre.

Luego habla de “cierta debilidad de su cuerpo enorme” y cuenta, ya uniendo lo político a lo enfermizo: “nunca permitió que el protocolo lo cuidara ni que los médicos lo curaran”. “Tomaba café cortado con una gota de leche y dosis frecuentes de cafiaspirina…” ¿Será esto el tan mentado “nuevo periodismo”, donde se combina literatura y realidad.

Al momento devela un detalle exclusivo: “Aporreaba una pelota mientras jugaba al fútbol” (¡esto sí que es fuerte!). Y pasa a relatar un aspecto supuesto de su personalidad: “célebre por no respetar ningún límite”.

Hasta aquí ningún hecho sólo afirmaciones sueltas que más se parecen a una expresión de deseos y pareceres que a otra cosa.

Luego vierte un verdad de perogrullo: “la inmanejable salud le advirtió que ella es más poderosa que él”, para luego contarle al lector cómo él odia al personaje: “Tiene la precisa información de las debilidades humanas para coptar, promover cambios o, eventualmente, para comprar”.
Y colocando a su personaje en lo más bajo del espectro político asegura: su situación de disfavor podría ser inmodificable”, brinda su saber de primera mano sobre la provincia de Buenos Aires: “comenzó la sublevación del conurbano bonaerense, explícita o soterrada”. Otra afirmación fuerte que demuestra su saber.

Pero al final, lo que faltaba, la frase literaria final que justifica al artículo y lo hace inolvidable: “El peronismo siempre aspirará a destinos más luminosos de poder que los que presagian esos quebrantos políticos y corporales”.

Si éstas son las plumas de la derecha argentina, si éste es periodismo de los grandes medios… sólo queda una conclusión a la altura de tanto talento: Grupos mediáticos hegemónicos, ¡están en el horno!

lunes, 6 de septiembre de 2010

Papel Prensa, empresarios despojados y políticos despistados

El accionar de Clarín y La Nación cuando se quedaron con Papel Prensa es similar a los más de 600 casos denunciados de apropiación de empresas, terrenos y valores de empresarios argentinos, durante la dictadura genocida de 1976-1983.

El caso paradigmático es el de los empresarios Miguel y Federico Gutheim, que fueron secuestrados el 5 de noviembre de 1976 y quedaron “a disposición del Poder Ejecutivo Nacional” porque Martínez de Hoz estaba negociando créditos con el gobierno de Hong Kong, y estos importadores y exportadores de algodón estorbaban en los negocios. Cinco meses de cautiverio hicieron que los Gutheim firmaran lo que pretendían los represores. Es por ese delito que hoy está detenido el ministro de economía de la dictadura. José Martínez de Hoz.

Tal vez sería muy sencillo volcar todas las responsabilidades de las acciones aberrantes cometidas durante el período 76-83 en sectores militares que actuaron más allá de la legalidad. Pero si se tienen en cuenta todos los golpes producidos en esos años en América, y la posterior implementación de políticas neoliberales que dejaron en la miseria por décadas a estos países, es claro que existió un plan, fundamentalmente económico, que necesitaba acallar las voces de protesta; en el medio, el afán desaforado de los grupos económicos, y la impunidad, permitieron que grupos civiles se quedaran con las propiedades y de los dineros de los empresarios que no estaban en su círculo privilegiado.

Y todo eso no podrían haberlo logrado si la prensa no hubiera acompañado, si los diarios hubieran denunciado los crímenes en vez de disimularlos, si los periodistas un hubieran llamado, a pedido, “enfrentamiento”, a lo que era un asesinato sin atenuantes. Por eso, parece cada vez más notorio que la guerrilla (tal vez de no existir la hubieron creado) fue una excelente excusa para lanzarse a tomarlo todo, con parte de la sociedad adormecida, cómplice o temerosa (elija el término que más le guste), que hoy intenta disimular su conciencia aceptando los reclamos de ‘olvido’, que por lo general provienen de los cómplices activos y verdaderos

No se trata ya de los robos de valores en las casas de las familias secuestradas, hasta de las propiedades, como quedó demostrado en varios juicios y condenas subsecuentes. También se produjo el robo de campos, empresas y valores de empresarios que, simplemente, cayeron bajo el interés, la avaricia e impunidad con que contaban algunos grupos económicos en combinación con el poder militar.

Esto también está demostrado en los más de 600 casos que ya han sido denunciados y algunos con causas avanzadas, aunque como bien se sabe, de lento caminar por la justicia, acaso temerosa de destapar viejas ollas donde aparecen nombres de encumbrados personajes que podrían, incluso, arrastrar en su caída a otros que hoy ocultan su pasado en esos años.
Tal como fue relatado, no ahora, sino durante largos años, sin que los medios concentrados le prestaran la menor atención, y sin que los periodistas investigadores “independientes” se dieran por enterados, estas maniobras turbias existieron, y algunas de las víctimas, con dolor y paciencia infinita siguen su difícil camino de tratar de lograr justicia por sus pérdidas y humillaciones, después de años de impunidad y de vergüenza.

Allí está Daniel Paskvan (foto), un prominente empresario, que perdió durante la dictadura sus fábricas de Roque Pérez y Lobos, y las acciones de otra empresa en Santa Fe. “Vino la policía y nos dijeron ‘estos son los nuevos dueños’. Nos despojan de todo, de la empresa avícola y la fábrica de alimentos balanceados de Roque Pérez y Lobos, de un depósito en Capital Federal y de varios vehículos. Parecía una película. Todo el personal con uniforme de combate rodeando la empresa en el medio del campo. En ese momento ningún escribano nos quiso hacer un acta en que figurara que teníamos la empresa tomada por el ejército”, recordó en una entrevista con el diario Tiempo Argentino.

O el caso de Carlos, Alejandro (foto) y Rodolfo Iaccarino empresarios lácteos que fueron secuestrados y torturados hasta que “decidieron” vender sus campos en Santiago del Estero y su avión privado con un valor de 120 millones de dólares. A cambio, la familia recibió tres documentos valuados en alrededor de 300 mil dólares y la escritura de una cancha de golf del Sierras Hotel de Alta Gracia, que actualmente se encuentra en manos del Alta Gracia Golf Club y que aún reclaman.

Los detalles de estos casos son tan siniestros, y tan similares a los de Lidia Papaleo y a los otros más de 600 en danza, y que hoy todavía producen escalofríos.
Los beneficiarios todavía están impunes y, seguramente, los importantes abogados, que los acompañan presentaron y presentarán todas las chicanas posibles que les permitan extender aún más los tiempos.

Muchos tendrán suerte porque los casos prescribirán. Lamentablemente para ellos, en el caso de Papel Prensa, si la justicia al fin comprueba que la apropiación es tan real como las torturas que sufrió Lidia Papaleo, que el apoyo de los genocidas fue a cambio de no publicar los asesinatos, los secuestros y los robos que se estaban produciendo, los dueños de esos medios “independientes” terminarán en la cárcel.

¿Qué harán entonces esos políticos que hoy los defienden como si fueran sus hijos?

¿Qué hará por ejemplo Carrió, con su verborragia apocalíptica? ¿Dónde meterá su amor por Magnetto, a quien quiere levantarle un monumento?

¿Cómo justificarán su apoyo a un grupo de medios de prensa monopólicos que callaron cuando otros denunciaban, que ocultaron cuando otros trataban de informar?

Hoy mismo, ¿con qué argumento pueden negar que si se hubieran opuesto de verdad al genocidio, como lo hicieron The Buenos Aires Herald, o La Arena de La Pampa, o hasta La Prensa mencionando alguna vez a los desaparecidos, la dictadura hubiera caído antes, los muertos hubieran sido menos y la sociedad no hubiera sufrido tanto?

Por eso da lástima en algunos casos, repugnancia en otros, esta defensa de la corporación mediática, sin sentido ni valor moral, que llevan adelante algunos políticos. Sólo por un interés partidista mezquino, para atacar a su supuesto enemigo se alían con el mayor sostén de la dictadura.

¿Por qué si son sinceros, con el mismo ardor no defienden a los empresarios robados o a la propia Lidia Papaleo?
¿Será verdad que con esa actitud están comprando una foto de tapa, una entrevista televisiva, un llamado de una radio bien temprano?

sábado, 26 de junio de 2010

¿Engañar con los títulos es una nueva forma de periodismo?

Hoy sábado 26 de junio, tanto La Nación como Clarín se lucieron con sus títulos mentirosos.

¿Es común mentir desde el título? Si bien no es ético y rompe con las premisas fundamentales del periodismo, muchas veces la prensa partidaria utiliza el sistema de afirmar categóricamente algo desde sus títulos, para luego relativizarlo dentro de la nota. De esta manera, esos seudo periodistas creen que no están mintiendo, sino exagerando, porque después se aclara. Claro, se obvia lo que ya muchos saben: la mayor parte de los lectores leen sólo los títulos y dejan pasar la nota.

Pero hoy se puede ver que no hay límites entre la exageración y la mentira.
“Admitió De Vido que hubo una diplomacia paralela”, dice Mariano Obarrio desde La Nación
“De Vido cargó contra Sadous y reconoció la embajada paralela”, dice Nicolás Wiñazki desde Clarín

Pero que dice más abajo La Nación: "Si hablan del trabajo que tuvimos que hacer y que él no hizo porque estaba de cóctel en cóctel, de copetín en copetín, aceptamos lo de la embajada paralela", afirmó De Vido. "Ese embajador es una vergüenza para la Argentina"…

El diario de los Mitre, como el de Noble-Magneto, toma la ironía en forma textual, y sus dos aplicados “empleados”, que alguna vez fueron periodistas, Mariano Obarrio y Nicolás Wiñazki, se prestan al engaño.

La misma nota pone luego en boca de De Vido: “Pero lo que hicimos lo hicimos con la plenipotencia de la Cancillería, y con la colaboración del entonces secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Martín Redrado", aseguró De Vido.

Toda la nota intenta “demostrar” la supuesta existencia de una “embajada paralela”, inventada en conjunto por ambos pasquines opositores, para denostar, no sólo las relaciones diplomáticas sudamericanas, sino también para atacar al gobierno venezolano de Chávez, tal como lo determina la posición política de ambos medios.

La tradicional postura de derecha de ambos medios, no se limita ahora a sus editoriales, a medida que avanza su furor contra los gobiernos democráticos de América, también extreman sus posturas reaccionarias, y pasan directamente a contaminar con sus opiniones políticas todas las notas de ambos diarios y sus repetidoras gráficas, radiales y televisivas.

En particular la nota de La Nación es lamentable desde el punto de vista periodístico. No explica que las declaraciones (que ya efectuara a la justicia) el ex embajador Ernesto Sadous, fueron hechas luego de su destitución. Que la base de esas declaraciones son: “escuché que empresarios decían”, “me dijeron”, “cosas que me llamaron la atención”. O sea, de denuncia real nada de nada y para colmo, las personas que él nombra declararon que nunca le dijeron nada.

Y esa nota en particular tiene las siguientes fuentes: “Según confiaron a LA NACION fuentes de la Casa Rosada”. “Según la Casa Rosada”. “Según admitían en Balcarce 50”. “Fuentes fidedignas deslizaron a LA NACION”. “Fuentes diplomáticas recordaron”. “Allegados a De Vido explicaron a LA NACION”. (Sic)

Este tema, que ahora levantan publicitariamente estos medios, fueron tomados por sus operadores (ciertos diputados opositores) para llamarlo al embajador a la Cámara. ¿Lo llamaran también a declarar a Mauricio Macri por las denuncias en su contra? O a Ernestina Herrera ¿por la causa de apropiación de niños? O a Magneto y a Mitre ¿por las denuncias de complicidad con crímenes de lesa humanidad en la apropiación de Papel Prensa?

Es evidente que no harán eso, porque su objetivo es recuperar negocios perdidos (el fútbol, las AFJP) o que van a perder (Papel Prensa, Cable Visión, el monopolio de los medios de comunicación). Pero entonces ¿en qué queda eso del periodismo? Y los dueños de los medios ¿deben defender sus intereses dejando de lado los principios, la ética de la profesión? La respuesta queda para sus lectores.

Pero uno, como periodista, no puede dejar de preguntarse si esos que escriben y firman son fieles cumplidores de la obediencia debida o son mercenarios del periodismo dispuestos a todo por la paga. Tal vez no, quizá piensen como sus patrones, se mimeticen con ellos, sean fieles a un pensamiento político similar… Estos interrogantes los deberemos contestar los periodistas.

martes, 22 de junio de 2010

Respaldo de la Justicia a la Ley de medios

Los siete jueces de la Corte Suprema respaldaron la vigencia de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y criticaron fuertemente a los diputados que intentan con chicanas judiciales impedir su aplicación.

Incontrastable revés para los monopolios de la comunicación.La Corte Suprema de Justicia sostuvo, con los votos de sus siete miembros, que "los jueces no pueden suspender leyes de modo general" y que "un diputado no tiene legitimación para reeditar en el poder judicial un debate que perdió en el parlamento". De esta forma dispuso que entre en vigencia la Ley de Medios, aprobada por amplia mayoría del Congreso y trabada por jueces mendocinos. Por unanimidad, los jueces supremos acompañaron el dictamen del procurador Esteban Righi, al considerar que un diputado no tiene legitimación para hacer revisar en sede judicial una votación que perdió en el Congreso.

Aun falta que lleguen al Máximo Tribunal las medidas cautelares promovidas por particulares (Clarín) que objetan artículos específicos de la ley 26.522. A pesar del fallo que destruye en su esencia la estrategia dilatoria del Grupo Clarín, esta mañana el multimedio insistía en que la ley no se podía aplicar. La realidad es que quedaron al desnudo los intereses monopólicos del grupo, que pretenden mantener sus casi 300 medios, que invaden con la información que a ellos les interesa los medios gráficos, radiales y televisivos, postergando las noticias que no comparten.

Esa maliciosa actitud antiperiodística el grupo la mantiene desde hace años, como lo viene denunciando Prensa Libre desde sus comienzos, y eso se debe a sus acuerdos con diferentes gobiernos, mezclados actualmente con fuertes intereses financieros, lo que les otorga un poder que hoy está cada vez más claro lo perjudicial que puede resultar para una sociedad democrática. Una concentración mediática semejante sólo es posible en gobiernos dictatoriales de cualquier signo, totalmente inaceptable en una sociedad que pretende hacer valer los derechos de información de la totalidad de sus ciudadanos.

El fallo resumido y completo en JPG puede leerse en esta misma página.

lunes, 24 de mayo de 2010

Una historia siniestra

¿Cómo obtuvieron Clarín y La Nación el monopolio del papel de diario en la Argentina? Y los hijos adoptivos de la Viuda: otra historia de terror. Aquí un resumen de lo declarado por dos protagonistas esta semana. ¿Y la respuesta de los monopolios? ¿Ya estarán querellando a los declarantes por mentirosos?

“Firmá o te mato”:
La viuda de Graiver contó cómo Clarín y La Nación se apropiaron de Papel Prensa. Lidia Papaleo, viuda de David Graiver, relató en una asamblea de accionistas de Papel Prensa S.A. los tormentos físicos y psíquicos a los que fue sometida, mientras estuvo secuestrada, para que traspasara a La Nación, Clarín y La Razón las acciones de la empresa que había pertenecido a su marido. Dijo que Ramón Camps y Miguel Etchecolatz asistieron a las sesiones de tortura y que sus secuestradores la llevaron en reiteradas ocasiones al edificio del diario La Nación para que se entrevistara con el entonces director de ese matutino, Bartolomé Mitre, y el actual CEO de Clarín, Héctor Magnetto. El testimonio de Lidia Papaleo compromete a estos dos y a otros directivos de ambos medios como partícipes de delitos de lesa humanidad cometidos en el marco del terrorismo de Estado.
(En la foto: Mitre y Magnetto)

José Pirillo, ex propietario del diario La Razón, expuso el jueves pasado ante accionistas del directorio de Papel Prensa, convocado por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Sin medias tintas, reveló las diversas maniobras irregulares realizadas en beneficio propio por los accionistas mayoritarios, Clarín, La Nación y La Razón. En su testimonio, también se refirió al acuerdo entre los tres diarios para no publicar nada contra la dictadura militar y a la intervención de Héctor Magnetto ante Jorge Videla, para facilitarle la “obtención de dos niños” a Ernestina Herrera de Noble.

José Pirillo: –La primera vez que vine a Papel Prensa fue el 3 de abril de 1985. Compré las acciones de La Razón el 29 de marzo de 1985. Fui informado por Patricio Peralta Ramos de los mecanismos que se habían utilizado para la supuesta compra de acciones. Le manifesté que yo no encontraba en la contabilidad de La Razón los aportes efectuados por este diario. Me contestó que no los iba a encontrar porque realmente no se habían hecho, sino que los aportes que debían hacer los tres diarios a Papel Prensa se habían efectuado vía retornos que pagaban las empresas constructoras de la planta de Papel Prensa. Dentro de los acuerdos previos que existían, me dijeron que uno era que los tres diarios no iban a publicar nada que atentase contra la Junta Militar. Fue en ese momento que le manifesté al señor (Héctor) Magnetto que yo le reconocía el carácter de gerente general, pero que existía un convenio de sindicación de acciones de los dueños de los tres medios y que, por consiguiente, le solicitaba la presencia o quería hablar con la señora Ernestina de Noble. Magnetto montó en cólera por mi postura y me dijo que él tenía suficiente poder como para representar a la señora de Noble porque era el albacea de los hijos de la señora de Noble y además él se los había gestionado ante Videla.
Guillermo Moreno: –Eso no quedó claro. ¿Qué?
Pirillo: –Que le había gestionado ante el general Videla la obtención de dos chicos, que no sé si son Marcela y Felipe, pero era lo que expuso en su momento. Los otros enfrentamientos que tuvimos en mi transcurso acá en Papel Prensa fue justamente por la apropiación que estaban haciendo los tres diarios en forma ilegal de los bienes de la empresa vía manipular el precio de venta a los tres diarios. Cuando se informa que se le vendía papel a 100 diarios, les quiero aclarar que la cantidad era irrisoria porque sumaban 350 toneladas mensuales, de casi 13.000 que se producían, de las cuales 8.500 se llevaba Clarín, 2.500 se llevaba La Nación, apenas 1.000 La Razón y el resto –unas 300 toneladas–, se les daba a ese número de diarios. Al ver lo exiguo de la cantidad, me pareció que era una burla en la memoria del balance decir que se proveía de papel de diario a 90 diarios del país. Tenían que haber puesto que eran dos o tres toneladas cada uno, porque ni Ámbito Financiero ni Crónica ni otros diarios recibían, salvo La Prensa, que recibía papel de la firma al mismo valor.
La diferencia de precio que había en ese momento, nosotros pagábamos el papel a 320 pesos la tonelada. A raíz de una consulta que me hacen desde el gobierno de (Raúl) Alfonsín sobre cómo se resolvía este problema, le dije que era muy sencillo: era elevar el papel de Papel Prensa al mismo nivel que tenía Papel de Tucumán, con lo cual todos los medios iban a tener igualdad de precio. Así lo hizo García Vázquez. Concurrió a la Secretaría de Comercio, logró la resolución de 590 pesos la tonelada, o sea 30 pesos más barato que lo que era Papel de Tucumán; vino acá al directorio e impuso un precio arbitrario de 420 pesos, no 590, con lo cual Clarín, con el valor de 3,20 pesos tenía un diferencial mensual de 2.400.000 dólares porque era el mayor cliente que retiraba papel a ese precio.
Mis discusiones con Magnetto vinieron justamente por ese tema. Yo sostenía que como cada diario tenía, y de acuerdo al convenio de sindicación, el 33% del poder, le correspondía el 33%de la producción de papel, y después que decidiera cada diario qué hacer con ese papel, si vendérselo a uno de los sindicados o venderlo libremente en el mercado. Pero lo cierto era que Clarín se llevaba más de 8.500 toneladas de papel.
Ésa es la síntesis de lo que pasó en Papel Prensa. Yo fui despojado de mi diario por una maniobra que se hizo, porque en mayo del año 1987, después de haber hecho la ruptura de la affectio societatis con las dos empresas sindicadas acá en Papel Prensa y con el Estado Nacional, decidí publicar la historia de la familia Graiver, toda la historia que me habían contado de la entrega de los hijos de la señora Ernestina de Noble. El resultado fue que el 27 de abril de 1987 fui desapoderado del diario por un juez, que posteriormente vendió las acciones de Papel Prensa, cosa que no podía hacer. Le vendió a Clarín y La Nación, en un precio vil de 6 millones de dólares por el 13% del paquete accionario. Yo invitaría a que se fijen en qué monto contabilizaron los dos diarios la compra de ese 13%, y van a ver que hay una diferencia de más de 450%.

Extractado del diario Miradas al Sur del domingo 23 de mayo de 2010.

sábado, 15 de mayo de 2010

Para "La Nación" Macri está más complicado que nunca

El procesamiento decidido por la justicia para Mauricio Macri no es el primero. Ya había corrido igual suerte, aunque no por escuchas ilegales sino por contrabando, pero en otras épocas, cuando los jueces menemistas lo dejaron libre de culpas.

Ahora, la estrategia de Macri, de echar culpas a los demás y hacerse el desentendido, parece no bastarle.

Un síntoma de la difícil situación por la que atraviesa el empresario-jefe de gobierno, es el artículo que hoy viernes 15 publica el diario La Nación, con la firma de su espada política más importante, Joaquín Morales Solá. Si bien hasta ahora el diario había apoyado toda la gestión de Macri, minimizado hasta lo indecible las críticas en su contra y levantado su candidatura presidencial para 2011, parece que ese apoyo político tiene límites.

Al contrario de lo que hoy mismo realiza el monopólico Clarín en su título de tapa: “Procesaron a Macri, que salió a denunciar una maniobra” (nótese que con un sujeto incierto le dedica tres palabras a la noticia y el doble al supuesto descargo, manteniendo sin vacilar su continuo respaldo político), La Nación decide aflojar el apoyo.

Desde el título, con sujeto explícito y acusación directa, “Oyarbide procesó a Macri por integrar una asociación ilícita”, La Nación parece decir: ‘esto es serio y no podemos disimularlo’, pese a referirse a uno de los personajes más apoyados por el diario en los últimos tiempos.
Es interesante advertir que algo parece haberse quebrado en el férreo apoyo que parecía tener Mauricio Macri entre los medios coaligados. Pero también parece que algo se ha roto en el vínculo entre los medios hegemónicos. No es la primera vez que La Nación se diferencia de Clarín. Las manifiesta en el monopolio del papel que ejerce con su socio desde Papel Prensa, y mucho menos le entusiasma verse involucrado en la apropiación de bebés en el que podría derivar judicialmente el caso Ernestina Herrera y sus hijos adoptados. Más ahora, cuando la notoria baja de credibilidad, y de tirada, que viene soportando Clarín, lo tiene entre los medios beneficiados con traspaso de lectores.

Pero yendo al caso específico de Mauricio Macri y la nota de Solá, en ésta el escriba cuenta algo que había ocultado en su momento: “Cuando Macri decidió la creación de la Policía Metropolitana, gran parte de su equipo (incluido Montenegro) le propuso que designara como jefe de la nueva fuerza a un oficial de la Policía Federal de no más de 42 años, con una carrera profesional y dominio del inglés. Macri volvió con una decisión personal e inalterable: debía ser el desgastado comisario retirado Jorge "Fino" Palacios, a quien el líder de Pro le debe la liberación de su cautiverio cuando fue víctima de un secuestro extorsivo. Palacios (elogiado por unos y detestado por otros) sembró y regó internas furiosas dentro de la Policía Federal y con la propia ex SIDE.”

Esto es lo que cuenta ahora Morales, y agrega, como para que no queden dudas:

“Es difícil que la opinión pública entienda, fácilmente al menos, que James oía conversaciones en nombre del padre de Macri y en el gobierno de Macri, y que no había relación entre una cosa y la otra. Y, encima, que Mauricio Macri no conocía ni lo uno ni lo otro. Franco Macri, el padre, se hizo cargo públicamente del convenio con la empresa que lo contrató a James. Pero, ¿quién se hace cargo del nombramiento de James en el gobierno de Mauricio Macri?”

Para terminar, Morales Solá, luego de descargar su habitual andanada contra Kirchner, los funcionarios de gobierno y los jueces que no responden a los grupos hegemónicos, deja una duda, al señalar: “…si la Cámara confirmara su procesamiento. El arrebato de aquella designación de Palacios, y la presencia de un gobierno nacional adversario y dispuesto a jugar siempre a todo o nada, lo ha colocado a Macri muy temprano a un paso de la ruina o de la gloria.” Lo que equivale a decir que si la cámara continúa apoyando las acciones del juez Oyarbide, para La Nación por lo menos sería un: ‘adiós Macri, no te cubrimos más’.

miércoles, 28 de abril de 2010

Periodistas, ‘escraches’ y desinformación

Esta semana en Prensa Libre se recibió la solidaridad de algunas entidades con respecto a los llamados ‘escraches’ a periodistas de los grupos de comunicación monopólicos. El motivo fue que apareció un cartel (supuestamente anónimo, que algunos atribuyen al gobierno y otros a Clarín) con el nombre de los periodistas más ricos y famosos de la televisión, acusándolos de estar ‘comprados’ por los multimedios.

Sin abrir juicios ni denunciar a nadie, a los periodistas de a pie, que no somos ni ricos ni famosos, nos llama la atención que ni estas entidades ni esos periodistas independientes ni los políticos ‘defensores’ de periodistas, que hacen, con toda razón, un gran alboroto por un (1) cartel, no abran la boca por los ‘otros’ periodistas:

Despidos de 26 periodistas del multimedios Vila –Manzano en Santa Fe (por no avalar las maniobras contra la ley de Medios aprobada); conflicto con los periodistas de dos radios de Córdoba; con trabajadores de TN; amenaza de despidos en “La Nación”, que atrasa sus salidas debido a las protestas internas por esa causa; o por los de “Crónica”, que hace meses que no cobran o lo hacen en cuotas; o por los de “Crítica”, censurados primero por no avalar con su firma la posición anti ley de medios de sus patrones y ahora en conflictos y paros por salarios; o por la actitud permanente de Clarín de violar leyes laborales y no permitir la libre elección de delegados…

Ante esta realidad, este ‘escándalo’ de ahora suena más a intencionalidad política que a una defensa real de periodistas. Justamente de periodistas que poseen todo el poder de cámaras y diarios, y que no vacilan en censurar por omisión lo que ocurre con los otros periodistas, los de abajo, los que están a merced de patrones inescrupulosos y a los que nadie les da ‘aire’ ni defiende.

¿Será que algunos políticos quieren quedar bien con los grandes medios para aparecer siempre en sus espacios?

¿Será que algunos periodistas consideran que sólo hay que tocar aquellos temas que interesan a sus patrones?

martes, 13 de abril de 2010

Tanto lo pidieron, que al final lo consiguieron

La Nación y Clarín estuvieron toda la semana diciendo que Obama no se reunía con Cristina Kirchner.

En su política editorial de tratar de voltear al gobierno actual, trataban de desmerecerlo titulando de tal manera que pareciera que Cristina iba a la reunión de Washington sobre armas nucleares no se sabe por qué, pero que no iba a contar con la bendición del mandamás yanqui.

Para ellos, lame botas de los EE.UU., que Obama despreciara a Cristina era síntoma de lo mal considerado que está en el mundo el gobierno argentino.

Pero, como toda política basada en la negación, como toda profesión que se bastardea, se les dio vuelta la tortilla y tuvieron que tragarse el sapo de ver la foto (y tener que publicarla), y admitir una reunión que Obama no da le da a cualquiera.
¿Y ahora?

No les importa, ahora buscarán pegar en otro lado, porque ya ni siquiera respetan los mínimos códigos periodísticos.

Y eso les pasa por ser poco profesionales y por tomar partido en lugar de informar.

De todas maneras, me pregunto, ¿importa realmente que Obama reciba a Cristina? Puede ser que desde el punto de vista político, o desde el negocio internacional traiga algún beneficio. Aunque conociendo a Obama y a su política comercial es como para desconfiar.

Pero desde el punto de vista ético, este gobierno bien podría negarse a reunirse con un político belicista, al que le dieron el premio Nobel de la paz para ver si deja de invadir países. Desde el punto de vista ético es imposible sentirse bien al lado de un gobierno que justifica la tortura, que tiene bases militares en todo el mundo, que mata todos los días a civiles inocentes en los países donde están sus tropas, el que tiene colonias como Guantánamo en países soberanos como Cuba.
O, como allí mismo, sostiene campos de concentración donde se tortura y se mantiene en cautiverio a numerosas personas sin protección judicial.

¡La pucha! qué oportunidad se perdieron los diarios políticos argentinos de criticar a Cristina por reunirse con un gobernante que, en la Argentina del tercer mundo, sería juzgado por crímenes de lesa humanidad.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La Nación, Morales Solá y la perversión

Hoy el diario La Nación vuelve a mostrar su carácter perverso.

Si ya sé, no es muy imaginativo el adjetivo, pero permítanme explicarlo. Hoy, 24 de marzo, es feriado nacional. Es un día dedicado a la memoria. No importa la ideología o la religión, se recuerda al último golpe militar que, avalado por sectores civiles (grandes empresarios, políticos sin votos, sectores financieros nacionales y extranjeros), violaron la Constitución Nacional, se burlaron de la voluntad popular (estaban cerca las elecciones donde podía haberse cambiado un gobierno), pero que además se constituyó en la dictadura más sanguinaria que viviera el pueblo argentino.

No hay excusas para el robo de bebés, para la tortura, las violaciones, los secuestros, los robos y la entrega de las riquezas, la corrupción… En fin, no hay nada que hayan hecho bien los militares y sus aliados civiles, salvo haber producido guerras y que la Argentina fuera conocida en el mundo por los crímenes que se cometían y no por el valor de su gente.

Por eso se reconoce este día… salvo para La Nación.
Hoy su tapa ignora la fecha, ni siquiera menciona el feriado. Sólo en su página 10 hace mención a la fecha bajo el título de “Controversia”, y lo muestra a Duhalde abogando por los genocidas.

¿Ignorancia?, ¿estupidez? De ninguna manera. El año pasado, el 25 de marzo, un acto en el que participaron más de 70.000 personas, también fue ignorado. En la tapa de ese año, con la fecha ¡censurada!, el título central era: “Advierte la Iglesia que puede haber hechos de violencia”. ¿Se equivocó fiero la iglesia católica o mintió La Nación? Usted elija. Y la foto central era una foto de “Radiohead” que había hecho un recital para 36.000 personas.
Triste ¿no?

Morales Solá
Pero otra, de tantas, perlitas la da su escriba a sueldo, Joaquín Morales Solá, quien tampoco recuerda la fecha. Él, que supo hacerle notas a Bussi y sus operativos militares en Tucumán. Él, que desde Clarín admitía que se hablara de “enfrentamientos” cuando aparecían los cadáveres acribillados y con signos de tortura en las calles…

¿De qué se queja? De que un rumor acusa a ciertos periodistas de “mercenarios a sueldo”. ¿Un rumor o un convencimiento sobre su persona? No lo aclara. Y cómo se defiende: echándole la culpa a… Kirchner. Como si él no tuviera suficientes antecedentes.

Para su defensa acude a la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, que critica al gobierno argentino. Pero no menciona que la SIP es una entidad que agrupa a los dueños de diarios más poderosos del continente. Por ejemplo, “El Mercurio”, que trabajó activamente junto a la embajada norteamericana para darle el golpe a Allende en Chile, o los diarios que intentaron golpes en diversos países y apoyaron el último en Honduras. A esa sociedad de negocios recurre Solá, sin recordar que nunca protestaron por nuestra dictadura genocida.

Después menciona a Papel Prensa y dice: “no fue una dádiva de la dictadura” a Clarín, La Nación y La Razón, sino “operación privada que los ex dueños de la empresa (la perseguida familia Graiver) nunca denunciaron…” Ni se le ocurre decir que la firma de los papeles para el traspaso fue ante Massera en la celda en la que los tenían secuestrados…

Cuántos olvidos de este “periodista” ejemplar, que además amenaza: “Papel Prensa sería inviable si La Nación y Clarín decidieran no comprarle papel para diarios”.

Podría continuar, analizando más profundamente ese artículo emblemático, el principal del diario, pero leí el final y ya no es posible decir más. Ese artículo termina con una palabra que, en su pluma ‘perversa’ (insisto en el adjetivo), suena a insulto. Él, sin rubores, la nombra a ella y concluye con la palabra “libertad”.

lunes, 15 de marzo de 2010

Otra vez un título llamativo: “Vuelvan a intentar derogar el DNU”

Fue La Nación el sábado 13 de marzo de 2010.

Si uno fuera un psicólogo de café, diría que el cronista tuvo un acto fallido.

En el título parecen adivinar lo que va a hacer la oposición, “Vuelven a intentar derogar el DNU”, en referencia a lo que podrían intentar hacer el miércoles 17 los senadores que se oponen al gobierno.

Pero ¿habrán querido decir eso? Porque lo que realmente dice el título es: “Vuelvan a intentar derogar el DNU”.

Una orden, un mandato a los opositores, de parte de un medio de prensa. Algo que sería raro, si no fuera porque ya se sabe, tanto La Nación como otros multimedios, no son en realidad medios de prensa sino factores de poder que actúan en política, movilizando, impulsando, opinando, de acuerdo a sus intereses.

Ahora me quedó más claro.

martes, 2 de marzo de 2010

Los multimedios avergüenzan al periodismo argentino

Si faltaba algo para confirmar la nota de la semana pasada, hoy, martes, los dos grandes diarios, opositores a todo lo que no les convenga, mostraron otra vez la hilacha.

En su histérica obsesión por voltear a los K usaron sus tapas para mostrar lo que no se debe hacer.

La semana pasada les explicaba: en un país, para ellos, en crisis, sus tapas del sábado estaban dedicadas (con títulos catástrofe) a demostrar que EE.UU. (en realidad un subsecretario) criticaba a la Argentina y le respondía a la ‘soberbia’ de la Presidenta que se atrevía a criticar a Barak Obama con respecto a su política hacia América Latina.

Por supuesto que no merecía tapa ya que, según ellos, había problemas mucho más serios en el país ‘al borde del caos’. Pero no se podían perder la oportunidad de sugerir a los lectores: “¡Miren, la máxima potencia del mundo también critica a Cristina!, no somos sólo nosotros”.

Pero miren qué injusticia: nada más que dos días después viene quien no iba a venir (porque EE.UU., decían, está enojado con la Argentina -en realidad… con la perversa presidenta): Hillary Clinton. Que para colmo no es un subsecretario, sino el propio ¡Canciller!, secretaria de estado le dicen ellos, que no sólo se reunió con la presidenta Argentina, sino que participó de una conferencia de prensa junto a ella, y además felicitó a la Argentina, elogió los progresos, pidió mirar las cifras y culminó: ¡Argentina está mejor que EE.UU. con respecto a la deuda!

Más allá de lo que uno piense con respecto a la deuda, los EE.UU. y Cristina Kirchner, la continuidad periodística hubiera necesitado una tapa idéntica a la del sábado, con esto que era mucho más noticia que aquella, por la novedad, por los personajes, incluso por la mediación ofrecida por EE.UU. con respecto a Malvinas.

Pero no, como no iba la información de acuerdo a sus necesidades, a su propia línea, a sus intereses, decidieron mandar esa información a la página 13, y a la tapa, la información que ellos consideraron más perjudicial para el gobierno. ¡Sin siquiera dar información sino opinando!; rompiendo sus propios códigos, sus propias pautas, solamente para atacar en la forma más virulenta posible al gobierno que odian. Uno dice “Toman”, como quien dice: “roban”, y profetiza: “estalló otra crisis” (¿?). Y el otro (ver foto), antes que informar, brinda su opinión interesada: “Maniobra de Cristina”.

Eso puede ser política, eso puede admitirse en políticos, pero jamás en periodistas, y menos en medios masivos que se dicen defensores de la libertad de prensa y se declaran independientes. En realidad son factores de poder interesados.

Y ¡ojo! Muchos podemos estar muy en contra del gobierno actual, criticarlo y votar en su contra, pero nadie que realmente se considere un ciudadano libre puede tolerar que le cambien la realidad, lo induzcan a pensar como quiere un grupo de poder y le digan lo que tiene que pensar. Eso es manipulación y desinformación, algo verdaderamente repugnante, contrario a todo periodismo de verdad.

La frutilla del postre la dio en la conferencia de prensa la periodista de Clarín, poco profesional pobre, cuando le preguntó a Cristina si iba pedirle una “cita” (SIC) a Obama. La Presidenta no perdió la oportunidad de identificar a la periodista, para que todos advirtieran su tontera, y le explicó que ellas sólo hacía “citas” con su marido…

sábado, 27 de febrero de 2010

Multimedios: “Al presidente lo ponemos nosotros”

Es increíble cómo la actitud opositora de los medios concentrados en la Argentina, es capaz de llevarlos a cualquier sitio.

Ya durante la semana mostraron una actitud por lo menos ‘desvaída’ con respecto a una posición del gobierno argentino frente a la piratería inglesa. Una posición que le valió elogios, aún entre sus rivales políticos, y una acción internacional que consiguió un apoyo impensando, y sin fisuras, de todos los gobiernos de América.
Pero como los multimedios no tienen ya un pensamiento periodístico sino político, dejaron de lado ‘la noticia’ y privilegiaron su oposición política.

Hoy, La Nación y Clarín coinciden en sus titulares: “EE.UU. expresó malestar por las críticas de la Presidenta” dice el primero. “Obama es el más popular, replicó EE.UU. a Cristina”, completa el segundo.
La primera curiosidad surge cuando ambos diarios se refieren a un país con su nombre (EE.UU.) y a otro con el nombre de quien lo preside (Argentina).
La segunda, cuando pareciera que ambos títulos actúan casi en forma concertada (como si el segundo se correspondiera con el primero).
Una tercera, surge cuando se trata de entender la lógica del que escribe los titulares. Parece que para ambos medios, cuando la Presidenta dice algo, lo dice ella, y cuando un funcionario de segundo nivel (el subsecretario Arturo Valenzuela) habla en EE.UU., lo hace en nombre del país.

Esas actitudes dan la impresión de que en ambos casos se intentara separar a la República Argentina de un presidente democráticamente elegido. ¿Será parte de la campaña en contra de CK que llevan adelante desde hace mucho ambos medios periodísticos? Entonces, uno podría preguntarse: ¿cualquier funcionario, de cualquier jerarquía, habla siempre en nombre de los Estados Unidos?

Lamentablemente, los pseudos periodistas de ambos diarios dejaron pasar la oportunidad de destacar la débil argumentación del subsecretario para América Latina, Arturo Valenzuela, quien responde a una crítica fundada (EE.UU. parece seguir con la política anterior de no dar valor a América Latina, preocuparse sólo por sus intereses en A.L. e intentar llevar su ambición belicista al interior de esos países), con una opinión con valor relativo: “Obama tiene real compromiso”; y una afirmación aventurada y a todas luces falsa: Obama cuenta con “mayor popularidad” que varios jefes regionales, sigue opinando Valenzuela.

Y si hiciera falta algo más para resaltar la débil argumentación de Valenzuela, bien hubiera valido recordar la amistad que el funcionario tenía con anteriores gestiones gubernamentales argentinas, y hubiera sido oportuno mencionar que el mismo funcionario hace pocas semanas se atrevió a meterse en los asuntos internos de la Argentina para defender la actitud semi ilegal y patotera de su empresa Kraft, y hasta se animó a criticar la supuesta inseguridad jurídica actual de la Argentina y a elogiar la política económica de Menem-De la Rúa.

¿Falta de rigor periodístico o política de oposición destructiva permanente?
¿Será ésta la libertad de prensa que defienden los dueños monopólicos del papel de diarios?

viernes, 26 de febrero de 2010

Inflación a toda costa, mentiras a la carta

Los grandes medios de prensa concentrados decidieron dedicarse a fogonear la inflación. El primer paso lo dio el diario “La Nación”, aumentando en enero su precio de tapa alrededor del 15%. ¿Por qué? No se sabe, y por supuesto que no le dieron explicación a nadie, aunque ese gesto no fue seguido por “Clarín”.

A partir de allí, y en cuanto agotaron el tema “Redrado”, todos los medios concertados comenzaron a plantear que el consumo llevaba a la inflación. Ante el éxito mayúsculo de la temporada veraniega, su argumento negativo fue: a mayor consumo, mayor inflación, jugando con la inyección de dinero que el Estado aportó con la asignación básica por hijo, que significó un impulso al consumo, alejando al país, aún más, de las consecuencias de la crisis mundial. Empezaron con la carne (a partir de un aumento real y con múltiples causales) y trataron de extenderlo a otros rubros (si no lo hacían no podía hablarse de inflación). Por desgracia, para su intención, aumentaba la vaca y no aumentaba el pollo…

Y allí empezaron a hacer sus encuestas perversas. En realidad, un par de periodistas de TN dirigidos a los lugares más caros nos informaron del aumento del 30% de los útiles escolares. Duró muy poco. Al otro día salieron los directivos de las cámaras de librerías a desmentir enfáticamente. De un año al otro los aumentos no llegaban al 10 por ciento. Hasta la soberbia de Magdalena Ruiz Guiñazú debió recular frente a la realidad. Pero los medios no cejaron en su intento. Arremetió “Clarín” con un aumento del abono del cable del 10%, sólo motivado por sus ansias de ganar más y echar un poco de leña al fuego de la supuesta inflación.

“La Nación” volvió al ataque con los precios de las verduras. Hace una semana sacó una encuesta mentirosa, donde llegó a decir que había un aumento del tomate de más del 100% (justo el tomate que había llegado a $20 el kilo dos años atrás y hoy ronda los $5). Fue inútil, sólo la lechuga acompañó a los agoreros.

Las asociaciones de consumidores intentaron frenar el aumento del cable, pero no pudieron, los jueces adictos le dieron la razón (sin razón valedera), y por ahora, el injusto aumento se mantiene.

El último golpe es otra indignidad de los grupos monopólicos. Ahora anunciaron un aumento del papel de diario. Ellos, los dueños del “Papel Prensa” gracias a Videla, dan un nuevo golpe, obligando a todos los medios (regionales, barriales o independientes) a pagar más por el producto del que ellos son únicos dueños.

Lo vergonzoso de estos grupos, no es sólo que defienden sus intereses empresariales, no es sólo que saquen y pongan presidentes según su conveniencia, sino que además traicionen a la sociedad, le mientan alevosamente, traten de engañar con noticias no ciertas o que no son, violando sus propias normas y tratando de modificar la realidad a su antojo.

Leer atentamente cada línea, mirar menos televisión, advertir para quién trabaja cada seudo periodista que aparece, es una tarea urgente e indispensable para poder rescatar la verdadera realidad. O sí no, por nuestra salud mental, habrá que dejar de escuchar lo que “se dice”, según los medios, y empezar a ver con nuestros propios ojos cuál es la verdad que nos rodea. No es fácil, pero vale la pena intentarlo. Tal vez otro mundo se abra a nuestros ojos.

lunes, 8 de febrero de 2010

Hoy le toca a Clarín

Miren esta tapa. Lean este título catástrofe.
Estuve tratando de encontrarle alguna justificación lógica y no la hay.

Cualquier profesor de periodismo lo pondría como ejemplo a sus alumnos: “esto es la no noticia”, “esto es lo que no hay que hacer cuando se titula”, dirían. Acaso es opinión de un tercero: entonces no es noticia ni vale para un título catástrofe y mucho menos en tapa.

Se supone que Clarín tiene los mejores profesionales, tiene hasta una escuela de periodismo… Sin embargo ¿son tan brutos?

Posiblemente sus directivos y jefes ya no razonen correctamente. De tanto augurar caos y crispaciones, intentan poner ciertas sutilezas que no lo son. Quizá perdieron el rumbo, y con él, la credibilidad. Si sólo se perjudicaran ellos no sería nada, pero están afectando la credibilidad del periodismo todo.

Más tarde o más temprano, el lector va a dejar de creer, va a asimilar totalmente que están realizando un juego de poderes ajeno a la esencia del periodismo, ligado solamente a los intereses empresariales de los dueños de los medios.

Es un pecado tirar por la borda el trabajo de tanta gente durante tanto tiempo, pero son los riesgos que se corren cuando se pierde el horizonte y la profesionalidad.

¿No le parece?

martes, 12 de enero de 2010

¿Es el objetivo del Grupo Clarín voltear al gobierno?

Clarín es uno de los grupos monopólicos más fuertes del país, tanto en poderío económico como en influencia. Si a él se le suman sus aliados naturales (junto a La Nación son los casi dueños de “Papel Prensa”, gracias a la dictadura de Videla, además de varios medios del interior del país); y a ello se suman las inversiones del grupo en diversos negocios... su poderío es de temer.

Hasta hoy, la influencia de Clarín sobre la política nacional era tan grande, que uno de los directivos principales lanzó hace años la famosa frase: “ningún presidente aguanta cinco tapas seguidas de Clarín”.

Tal vez haya sido exagerado, por quien lo dijo o por la leyenda urbana, pero es evidente que algo (y no poco) tuvo que ver el diario en la caída de Illia, con la permanente defenestración de la persona del presidente. Un vergonzoso golpe de Estado perpetrado por un fundamentalista de la idiotez, terminó con un gobierno honesto, destruyó la Universidad Argentina (miles de profesores tuvieron que emigrar) y llevó al país a un torbellino de violencia como nunca vista.

Recordemos que Clarín nunca se opuso a los presidentes de facto (y mucho menos con el tono y la virulencia que usó contra los constitucionales como Illia, Alfonsín o Kirchner), y que apoyó fervientemente a Videla, que le sirvió en bandeja “Papel Prensa” y con el que compartieron muchos brindis (tal como lo hizo La Nación).

A partir de allí el monopolio se hizo más poderoso, el manejo discrecional del papel base para fabricar los diarios les permitió eliminar toda competencia o, por lo menos, mantenerla acotada, y su influencia se hizo mayor.

Así lograron, ya con la caída de Alfonsín, grandes ventajas del gobierno de Menem, como la entrada a la TV, antes prohibida, para evitar… monopolios. La entrada al negocio del cable, la entrada al negocio de las AFJP, al negocio del fútbol y de los negocios agropecuarios, entre otros.
Y de Duhalde consiguieron lo que nadie: que después del 2001 sus deudas en dólares se transformaran en pesos. Pavada de ayuda en un país “libremercadista”…

También tenían la televisión por cable y, gracias al gobierno de Néstor Kirchner tuvieron la posibilidad de consolidar otro monopolio con la fusión de Cablevisión y Multicanal (que son de ellos, como tantas otras cosas que uno ni sabe todavía).
Pero con Cristina Kirchner hubo un quiebre. Algo pasó y se terminó la relación a pocos meses de iniciado el gobierno.

Plantándose como contendientes en un ring, los medios concentrados (porque ahora se unieron grupos como los de Vila-Manzano o Pierri o De Narváez) iniciaron una disputa que comenzó con el apoyo a los opositores del campo (no olvidemos que tanto La Nación como Clarín tienen fuertes intereses en ciertos negocios concentrados allí), que terminó con denuncia de la presidenta de intentos de destitución (no sabemos cuánto puede haber de verdad en ello, pero es evidente que antecedentes reales hay muchos).

Finalmente, llegó la nueva ley de Radiodifusión. Que no era una ocurrencia del momento, que estaba en las plataformas de algunos partidos políticos (incluido en el que actualmente está en el poder), que era un pedido reiterado de todos los gremios de la comunicación, de los estudiosos del tema, de las universidades vinculadas a la comunicación, de los intelectuales, artistas, técnicos, etc.

Esta ley, que venía a reemplazar una vieja y dictatorial forma de impedir la participación ciudadana en la comunicación, fue la gota que rebalsó el vaso. Además venía respaldada por una serie de entidades que habían elaborado un proyecto ¡que había sido tenido en cuenta en su casi totalidad por la presidenta! El consenso sobre esa ley era casi absoluto, pero el perjuicio para el mantenimiento del monopolio y de la influencia del Grupo Clarín era grande. Para colmo, poco antes una pelea con el protegido del Grupo (hasta ese momento), Julio Grondona, lo llevó a éste a cambiar de bando y les hizo perder el negocio del fútbol, además de los que ya habían perdido, porque se supone que tenían intereses en las AFJP y en Aerolíneas (pero esa es otra historia).

Hoy, es casi tragicómico advertir hasta dónde llega el poder de los multimedios aliados, cómo pueden manejar la realidad a su antojo y lograr una unanimidad absoluta, donde todos los medios, todos los noticieros, todos sus periodistas empleados tengan la misma voz, la misma visión de la realidad, sin matices, sin diferencias… Ni una sola disidencia. Morales Solá, Grondona, Bonelli, Nelson Castro, Eliachev, la Legrand, Susana Giménez, Silvestre, Luis Majul, por nombrar a los más conocidos, dicen lo mismo, repiten las mismas frases, las mismas consignas. Ni siquiera se diferencian entre sí.
¿Será ésta la última moda del periodismo libre? ¿Hasta el último empleado repitiendo la consignas de sus jefes?

En medio de esta lamentable situación, cómo no dudar sobre la verdadera intención de Martín Redrado a negarse a hacer lo que siempre hizo… Cómo no dudar del dubitativo Cobos que acude urgente en su auxilio… Cómo no prestar atención a que el encargado de hacer la presentación judicial de Redrado es el alabado Gregorio Badeni, abogado de ADEPA, asesor de los grupos monopólicos… Cómo no sospechar de una jueza que está presente en La Nación y en TN, que está de guardia, pero que los fines de semana no, porque los dedica a sus hijas y que hace y deshace según lo que le pide Redrado… Cómo no sospechar cuando los extremos políticos coinciden tanto…

Para nosotros, ciudadanos, ¿no habrá llegado el momento de pensar seriamente en estas cosas y dejar de repetir consignas que intentan meternos a toda hora en la cabeza?¿No habrá llegado el momento de pedir que ¡todos! respeten los tiempos electorales y dejen de pronosticar golpes y caos todos los días?

¿Y si hacemos la prueba de apagar los televisores y dejamos de leer los diarios por un mes? ¿Y si durante ese tiempo nos dedicamos a nuestro trabajo y a nuestras familias?
Tal vez podríamos atenuar muchos de nuestros males, ¿o no?

lunes, 14 de diciembre de 2009

Paranoia en el taxi

Así nos quieren los medios de desinformación. Con miedo permanente. Incapaces de razonar, listos para reaccionar a sus estímulos. Preparados para comprar lo que ellos nos vendan.

Ya no se necesitan dictaduras sangrientas, sólo una manipulación constante y permanente para meterle a la masa las ideas que lo spoderosos quieren que predominen.

¿No es el Gran hermano de Orwell en el siglo XXI?