lunes, 28 de septiembre de 2009

Un acto de amor

Otro imperdible. Horacio Verbitsky, en una nota de Página 12 del domingo 20/09, demuestra que a veces no hace falta escribir, sólo dejando que los peces abran la boca se puede descubrir su verdadera entidad:

El diario La Nación ha publicado un delicioso librito, Marcos Aguinis, semblanza de un escritor, redactado en tercera persona por el propio Aguinis, gurú del grupo Aurora de una Nueva República. Ninguna pluma podría decirlo mejor, por lo cual lo que sigue es apenas transcripción textual:
- “Al escribir La cruz invertida, que desmenuza la situación preconciliar de la Iglesia Católica, él mismo llegó a sorprenderse:
–¡Carajo, cuánto sé de todo esto!”.
- “A los doce años estalló su romance con la literatura”.
- “Tenía cualidades para ser concertista de piano y también mostraba habilidades para la escritura y el dibujo”.
- “Imbuido de rigor científico, no dudaba en ajustar la teoría a las evidencias”.
- “París tuvo también el raro privilegio de haber sido la ciudad que vio morir al Aguinis músico. A pesar de los aplausos en numerosos conciertos”.
- “Ambos habían nacido en Córdoba (aunque Maimónides en la que está del otro lado del Atlantico), ambos eran del año 35 (con un tabique de apenas ocho centurias), ambos debieron partir de su ciudad natal, ambos dedicaban gran parte de su vida al estudio, a la razón y a la crítica, ambos se interesaban por asuntos comunitarios, amaban la justicia y estaban abiertos a ideas ajenas”.
- “Aguinis conoció a teólogos progresistas que redactaban textos para el Concilio. El objetivo era aggiornar la Iglesia y favorecer la fraternidad, la justicia y el entendimiento recíproco. Los conocimientos religiosos de Aguinis los impresionaron y fue invitado a participar de las primeras reuniones ecuménicas que se hacían en el mundo. Quizás uno de esos jóvenes teólogos se llamaba Ratzinger”.
- “Hoy se reconoce a Refugiados: crónica de un palestino, como una obra de gran ecuanimidad y extraordinaria intuición”.
- “Con las manos en el cerebro del paciente, Aguinis sintió un suave golpeteo en su hombro. –Lo llaman desde Barcelona, quieren hacerle un reportaje –dijo una enfermera.
–Ahora no puedo.
–Es que están en cadena todas las radios y televisoras de España –agregó con timidez.
–Que conteste mi esposa.”
- “Los textos de Operativo siesta son un catálogo de la riqueza que habitaba en su espíritu: agudeza, humor, ternura, ironía, ojo crítico”.
- “Que los personajes hablen con entera libertad y defiendan sus convicciones, hace que las novelas de Aguinis exhiban una solidez que resiste el paso del tiempo”.
- “De todas sus numerosas columnas, hubo una que desbordaba tanta ironía que los encargados de la censura no fueron capaces de percibirla [...] Aguinis no fue molestado por semejante mofa porque la habían considerado un elogio”.
- “Carta esperanzada a un general se convirtió en el punto de arranque para su extensa y exitosa carrera como ensayista”.
- “Durante la última dictadura [publicó] una vibrante biografía de Guillermo Brown, encargada por la DAIA con el objetivo de donar su primera edición a la Marina. ¿Cómo se explica semejante dádiva a los opresores? [...] Escribió un libro tan hermoso que luego fue motivo de incesantes reediciones. Le enorgulleció enterarse de que, gracias a esa obra, se salvaron vidas”.
- “Ese ensayo se convirtió en una sorprendente enciclopedia de vicios, defectos e inmoralidades vistos bajo el paraguas de un áspero sentido del humor [y] completa una estupenda radiografía”.
- “La gesta del marrano ha sido elogiada como una de las grandes obras del siglo XX. Dosifica suspenso, belleza narrativa, escenas muy vívidas y retrata a un protagonista inolvidable. [...] Muchas personas han leído una sola novela en su vida; y buena parte de ellas eligió La gesta del marrano para su debut y despedida”.
- “La franqueza de Marcos Aguinis pega fuerte en un país resignado a la mentira, el fraude, la corrupción y los discursos hipócritas”.
- “Un hombre lo increpó en la calle.
–Por su culpa casi morimos mi mujer y yo. [...] Yo manejaba mi auto y no podía parar de leer La gesta del marrano, que lo tenía abierto sobre el volante”.
- “Elogio de la culpa incorporó una originalidad al género ensayo, porque lo apartó de su habitual carácter solemne. El libro rebasa picardía y hasta erotismo. [...] Es un estudio profundo y erudito que no deja percibir cuánta bibliografía lo sostiene del derecho y del revés, porque sus páginas bailan. Las conclusiones son admirables”.
- “Le atraen las mujeres pícaras y alegres”.
- “Una ficción conmovedora, electrizante. Varios personajes inventados son tan creíbles que no se los puede distinguir de los genuinamente históricos. La obra significó un aporte sustantivo para entender las falencias humanas. [...] Lo narra con mano maestra”.
- “Los iluminados es una obra grandiosa, [en la que] sobresalen seres entrañables y puros, impulsados por el amor y la búsqueda de la verdad. La obra es un aporte sustantivo al género, como las grandes novelas de Thomas Mann, Marcel Proust, Romain Rolland o Ian McEwan. Pese a su extensión, se lee con fruitivo placer y curiosidad. Los avatares de sus personajes tienen un desarrollo ajustado y punzante. El suspenso no da respiro”.
- “Rosendo Fraga insiste en que Aguinis heredó de Sarmiento su vena intelectual y su puño de acción. Otros dicen que es una curiosa mezcla de Sábato y Borges”.
- “Sonriendo, señala que imita a Johann Sebastian Bach, quien componía frente a su órgano de iglesia desde el desayuno hasta la cena”.
- “Sus lectores, amantes de su franqueza, humanismo y buen humor, le agradecen que, con frescos 74 años, se siente todos los días al teclado de su computadora para seguir pergeñando sueños”.

Poco se puede agregar. Gracias a La Nación y a Marcos Aguinis por este incomparable acto de amor.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-132079-2009-09-20.html

martes, 15 de septiembre de 2009

Defensores de la “Ley de la dictadura”

Que Joaquín Morales Solá es un fiel defensor de los intereses económicos del diario La Nación es notorio y no precisa explicación. Lo demuestra día a día en sus notas, donde editorializa sobre los terribles perjuicios que acarrearía no hacerle caso a él, por ende a su patrón: La Nación.
Hoy, por ejemplo, olvidando su condición de periodista, ofende a los lectores y a todos quienes ejercen dignamente su profesión cuando dice: "El proyecto de ley de radiodifusión tenía dos propósitos claros: fragmentar y debilitar a los actuales conglomerados de medios de comunicación y, al mismo tiempo, crear las condiciones para levantar un conglomerado propio". Por supuesto, utiliza una afirmación tendenciosa sin argumentación alguna, dando por sabido lo que no se debe dar por sabido, tirando por la borda las más elementales reglas del periodismo, que él parece haber olvidado. Pero lo peor, considera a los miles de periodistas y ciudadanos en general, que han trabajado arduamente para llegar a elaborar los 21 puntos en que se basa este proyecto, como ‘idiotas útiles’ al servicio del tirano de turno que censura a La Nación y no le permite insultar abiertamente a quienes rocen siquiera sus privilegios.
A Morales Solá todo le suena a improvisación, todo le suena a complot contra los pobrecitos Clarín, La Nación, Vila, Manzano, De Narváez y toda la banda.
Por qué Morales Solá no dice una palabra del ‘regalo’ de Videla cuando les entregó a su querida “La Nación” y “Clarín” el monopolio del papel. Nada dice de cómo los grandes medios trabajaron para bajar a un presidente democrático como Arturo Illia, nada dice de los elogios editoriales de esos diarios a la dictadura. Pero sí levanta su voz, con toda soberbia y pompa, y no para criticar lo que ve mal, sino para atacar y acusar a un gobierno elegido democráticamente, como no pudo hacerlo con gobiernos dictatoriales. Se burla del proyecto de radiodifusión, “sensible a las necesidades políticamente correctas de los "pueblos indígenas”, dice, y con la ironía de los poderosos se asombra de que se escuchen opiniones (¿despreciables? ¿inferiores?) como detalla él: “de la Agrupación Comandante Andresito, la Federación Juvenil Comunista, Agrupación La Vallese o Barrios de Pie.”
Claro, para Morales Solá esos no son la elite en la que él cree estar, porque no advierte su rol de lacayo. El único que debe ser escuchado es el grupo de patrones de medios que dirige Adepa, donde si están integrados muchos medios pequeños, es por el temor de que los grandes defensores de la ‘libertad de empresa’ no les vendan el papel para sus diarios si tienen opinión en su contra.
http://www.lanacion.com.ar:80/nota.asp?nota_id=1174825&origen=NLColHoy

lunes, 14 de septiembre de 2009

Canal 7, Pablo Sirven y La Nación

Alguna vez se elogió desde aquí a algunos periodistas que, a pesar de escribir en el diario La Nación, consiguen mantener ecuanimidad, rigor crítico e independencia con respecto de la línea del diario. Es envidiable.
Por desgracia, son pocos los que consiguen mantenerse con criterio propio y no sucumben a la fuerte presión que se ejerce, desde los grupos monopólicos de la prensa, para que todo su personal se alinee con los intereses de la empresa.
Y si no, que lo digan los periodistas del Grupo Clarín, que en estos días son perseguidos, hasta en sus trabajos independientes, para que sostengan la postura del grupo en contra de una ley de comunicaciones que limite, aunque sea en parte, el poder de los monopolios.

Hoy en La Nación se publica en tapa una nota que va en la dirección de oposición firme que sostienen todos los grandes empresarios de la comunicación a favor de la “Ley de la Dictadura”. (Mencionado esto con similar intencionalidad con la que se dice “Ley de control de medios”, olvidando que aquella tiene como órgano de control a los tres comandantes de las Fuerzas Armadas).
Desde el título, el artículo que tiene la firma de Pablo Sirven se pregunta ¿Canal 7 es TV pública o propaladora oficial? Y en él se asegura que Canal 7 se “obsesiona” con la ley y adjetiva que en los “sucesivos, largos y repetidos informes” son mínimas las declaraciones en contra.
El articulista se queja luego de que no aparecen declaraciones contrarias a “las pintadas, declaraciones altisonantes y diatribas del matrimonio presidencial contra la prensa”, y sugiere que censuran a los que dan su opinión, poniendo como prueba una carta de “estudiantes de la Universidad de Belgrano”.
¿Le habrán enseñado a Sirven en la escuela de periodismo que su afirmación “matrimonio presidencial” es tendenciosa y fuera de lugar”? ¿Se dará cuenta Sirven que esa consigna, tanto como “los K”, y otras similares son una manera de menospreciar sin argumentar, que tienen mucho de publicidad y poco de periodismo y que se parece mucho a otra consigna que usaron los grandes medios allá por los ‘60, cuando trataban de fijar en la opinión pública el concepto de que el presidente constitucional de entonces era lento “como una tortuga” y por lo tanto ineficiente?

Luego, con una objetividad pasmosa, basada en trascendidos y opiniones personales, se queja de la cantidad de informativos que tiene Canal 7, y en particular parece molestarle uno que se emite a las 20. “Allí se combina la más rancia y oficialista bajada de línea sobre los temas de actualidad con filosos informes compaginados al mejor estilo TVR”.
Luego de tan brillante y completa crítica, que parte de una opinión personal sin dar fundamento, le parece “inquietante” que una columnista de ese canal haya dicho que no se estaba metiendo con los medios gráficos, “que es una cuestión a debatir en otra oportunidad”. A él le parece inquietante, ¿o será a sus patrones, que gozan del privilegio de haber obtenido de Videla el control de la materia prima con que se fabrican los diarios, en sociedad con el Estado y Clarín. (Esos diarios ¿alguna vez le habrán llamado “dictador” o reprochado falta de libertad de prensa a Videla?)
A Sirven también le parecieron “deducciones rápidas y aviesas” las de un cronista que dijo que impedir el tratamiento de la ley era darle continuidad a la de la dictadura (¿no es así?).
También afirma muy suelto de cuerpo que es “antipática” la asociación que se hizo en un programa de Canal 7, entre los firmantes de la actual ley (Martínez de Hoz y Videla), porque “se le pega, de paso, a dos enemigos declarados del kirchnerismo: el campo y la dictadura militar”. En su torpe ataque a Canal 7 Sirven olvida que M. de H. y Videla no son dos entes, sino los que desbarataron la Constitución y promovieron el terrorismo de estado. Olvida que la dictadura militar no es la enemiga de los K, sino de todo el pueblo argentino. Y mal favor le otorga a lo que el llama “el campo”, asociándolo con quien llevó adelante la destrucción de la economía nacional de la mano de un régimen nefasto.

Finalmente, y después de seguir con sus opiniones a favor o en contra de hechos y personas, inexplicablemente, Pablo Sirven dedica seis párrafos de su nota a elogiar a “la emisora con mayor diversidad temática de la televisión argentina” (SIC).
Para concluir con una afirmación absolutamente compartible: “¿Canal 7 no debería cubrir y tratar los temas de actualidad nacional (…) con la amplitud necesaria para abarcar todas las voces y no sólo las del oficialismo?”
Pero claro Pablo, si esa es la conclusión, cómo no estar de acuerdo. Esa afirmación ética vale para todos los medios.
Vaya toda nuestra solidaridad con P.S. si fue obligado a escribir todo lo demás.

La nota de Sirven se puede leer en: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1174229

martes, 8 de septiembre de 2009

Democratizar la comunicación (I)


Guillermo Mastrini, docente de comunicación de la UBA y de la Universidad de Quilmes, es uno de los que opina desde la docencia y desde el conocimiento acerca de la comunicación. Para él está claro que la ley vigente de radiodifusión de Videla y Martínez de Hoz es negativa para la democracia y por lo tanto, a 26 años de la llegada de la Democracia, es absurdo que no se hagan los cambios necesarios para terminar con esta situación.
Si bien durante estos años se presentaron diversos proyectos integrales, siempre el parlamento se negó a tratarlos. Ahora, sin embargo, es la oportunidad. Y lo es, porque el Poder Ejecutivo Nacional (PEN) lo presentó con fuerza para ser tratado.
A los que estamos en el tema, todos los momentos nos parecen apropiados. Antes de las elecciones o después de ellas, con un parlamento o con otro, lo que no nos parece oportuno ni democrático es que algunos políticos pongan excusas de oportunidad, cuando ya son culpables (tanto desde el gobierno como fuera de él), de haberse hecho los distraídos cuando los proyectos parecían afectar los intereses de los medios. Porque suena demasiado a no querer quedar mal con quienes le van a dar prensa, y porque hacen quedar mal a los medios que parece que sólo le dan prensa a quienes defienden sus intereses en el Parlamento.
En 1989, fueron los mismos políticos quienes aprobaron una reforma que permitía que las sociedades anónimas (sin importar sus actividades económicas) tuvieran licencias de radios. Y en el mundo hay ejemplos, denunciados por la prensa independiente de verdad, sobre cómo intervenían las empresas en la prensa para hablar bien de sus productos, desde la objetividad periodística, ¡de sus propios empleados!
En 1991, se permite el ingreso a la prestación radiofónica a capitales estadounidenses o allí radicados.
En 1999, se amplía el número de licencias permitidas por operador de 4 a 24 y se autorizan cadenas monopólicas.
En 2003, la llamada Ley Clarín evita la convocatoria de acreedores para los grandes medios.
En 2004, se extienden por 10 años los permisos para canal 11 y canal 13.
En 2005, se estiran por 10 años las licencias de las radios.
En 2007, se aprueba la fusión de Cablevisión y Multicanal.
Cada una de estas reformas contó con el beneplácito de los partidos políticos y no sirvieron para mejorar la calidad de la comunicación. Todo lo contrario, sirvieron para envilecer aún más la calidad, fortalecer el monopolio y evitar el ingreso de nuevos actores que trajeran aire fresco a la información que le llegaba al público.
Ahí están los años, ahí están los presidentes y sus opositores. Todos cedieron y todos son responsables. Ninguna de esas leyes o decretos benefician al público, sólo al negocio.
¿No es hora de cambiar?

lunes, 31 de agosto de 2009

De dónde sale el proyecto de ley de comunicación audiovisual

En un país donde parece que la política sólo fuera buscar la forma de hacer quedar mal al oponente, usted sabe muy bien que las chicanas y las malas intenciones a veces permiten que prevalezcan los intereses económicos de algunos sectores sobre los derechos de la mayoría.
Por miopía mental, por mala intención de algunos o por arrogancia de otros, puede perderse la oportunidad de que se apruebe una buena ley de radiodifusión y, como consecuencia, que perdure una ley nefasta, creada para acallar las voces independientes y defender al tirano de turno.
Es que, desgraciadamente, la desinformación a la que nos someten los multimedios (con su publicidad sin límites, su mal gusto y sus figurones del espectáculo) pretende hacer olvidar cómo fue creado este proyecto de radiodifusión que acaba de presentar el Poder Ejecutivo ante el parlamento, y la importancia fundamental que tiene para fortalecer la vida democrática del país.

Múltiples proyectos fueron presentados en distintas oportunidades, por pedido de diversas asociaciones civiles desde 1983, y ningún parlamento se animó a aprobarlos (¿por no quedar mal con los multimedios?). Es más, si se le hicieron cambios a la ley de la dictadura fue para mejorar la situación de esos monopolios ¡a pedido de esos mismos monopolios!

¿No es hora de terminar con esta vergüenza? Usted sabe que sí es hora, por eso no viene mal recordar cómo surge el actual proyecto de ley de comunicaciones audiovisuales. Poco importan los motivos por los que el Poder Ejecutivo Nacional se basó en los “21 Puntos Básicos por el derecho a la Información” (http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=1402 ) para armar la nueva ley. Lo que sí es importante es que esos 21 puntos fueron pensados y propuestos por iniciativa ciudadana después de 26 años de trabajo y dedicación.

Es que a esos puntos se llegó luego de debatir en una amplia gama de organizaciones sociales. Participaron, entre otras: el Foro Argentino de Radios Comunitarias (Farco), que representa a 50 radios de todo el país gestionadas por organizaciones sin fines de lucro; las universidades con carreras de radio y comunicación (como la UBA); también los gremios de trabajadores de la comunicación (tanto de la CGT como de CTA), entre otros: actores, locutores, periodistas, operadores: Y además, participaron de ese amplio consenso una serie de movimientos sociales y organismos de derechos humanos, entre otros.

Como se puede advertir entonces, ésta no es una propuesta de los políticos, y tampoco de los empresarios de la comunicación. Es una propuesta de la ciudadanía, pensada para que la propia ciudadanía esté mejor informada y, fundamentalmente, a tono con la lucha que en todo el mundo vienen librando las entidades sociales y las asociaciones de consumidores: evitar que las empresas monopólicas (los multimillonarios que cada vez más controlan lo que se dice y lo que se piensa en el mundo) impongan sus criterios mercantilistas sobre un derecho que tenemos todos los ciudadanos: el de poder expresarnos e informarnos de la forma más plural posible.

viernes, 28 de agosto de 2009

El Gran desafío de la hora... No desaparecer de los grandes medios

Una excelente nota sobre el papel de los medios,
y sobre el dilema de los empleados de ellos: los periodistas.
Por Luisa Valmaggia *

“Lo dijo la radio”, “salió en TV”. El gran público sigue informándose mayormente tomando contacto con la realidad a través de los medios audiovisuales y electrónicos.Pero esos medios han cambiado de manera notable en los últimos 30 años producto del avance tecnológico y del capital financiero por sobre todas las áreas productivas y de servicio y fundamentalmente como parte de la estrategia del mercado globalizado.¿Qué cuentan los Medios? ¿Cuál es la información que prevalece? ¿qué intereses defienden? ¿cuál es la agenda mediática y quién la elabora?Todas estas -y algunas otras más- son preguntas poco frecuentes que nos hacemos cada tanto quienes formamos parte importante en la construcción de la realidad y quienes fijamos los temas de debate.En general y producto del avance del negocio por sobre la profesión, una porción importante de hombre y mujeres periodistas se han transformado en voceros de los grandes intereses corporativos y el resto que intenta responder al interés general se ve sometido a las presiones del medio para el cual trabaja, cuya facturación está vinculada no sólo al rating sino a la línea editorial que defiende.
Asimismo el medio (radio o TV) es hoy una rama más de otros negocios. Pongamos por caso o ejemplo a los dos principales matutinos argentinos: Clarín y Nación. Ambos participan de Expoagro y Feriagro, comparten negocios en el área de la agricultura y la ganadería, el mercado sojero y de producción y comercio de granos y agroquímicos, sus principales anunciantes así lo indican.¿Qué realidad se contará? ¿La de la distribución equitativa de la riqueza, la de los alimentos baratos y el abastecimiento del mercado interno o la del negocio al que representan y del cual forman parte activa los matutinos?Por supuesto que los que nos sentimos medianamente independientes intentamos transitar por un comino muy parecido a un desfiladero. Decir abiertamente estas cosas nos deja expuestos y con menores posibilidades de trabajo. Hacemos equilibrio todo el tiempo para dejar alguna puerta abierta, para no desaparecer de los grandes medios, o de los que tienen mayor alcance y rating, abrimos la posibilidad para que todas las voces estén presentes, intentamos –cuando podemos- salir de la coyuntura, dejar de lado el impacto y sensacionalismo y hacer visible la opinión de los especialistas, técnicos y profesionales comprometidos con el bienestar social y no con las corporaciones.De todos modos la hiper concentración de los medios nos ha dejado en una marcada desventaja.Por todo lo dicho es vital que no sólo se discuta, sino se sancione una nueva ley de radiodifusión, que ponga límites a la marcada ventaja que tiene el mercado por sobre lo que también se consume en materia informativa y a la producción de contenidos y que no deje afuera a los medios públicos estatales que deben responder de la forma más adecuada al interés general, a la democratización de la sociedad y a la elaboración democrática y plural de lo que se emite y recibe.En tal sentido el canal Encuentro es un buen ejemplo de que se puede hacer de manera eficiente y elevando el perfil cultural en lugar de aplanarlo.Tener en claro estos desafíos en cada lugar de trabajo y discutirlo nos permitirá armar la resistencia necesaria para enfrentar a la estrategia de los dueños de los medios que pareciera sintetizarse en reemplazar a los hombres y mujeres con experiencia, formación y capacitación por las nuevas camadas de pasantes bajo el lema: “acá se trabaja por la Coca y el pancho, pero representado a tal multimedio”, como si una viviera y cubriera sus necesidades mínimas por el sólo hecho de “pertenecer”.Esta es parte de la batalla y hay que intentarlo desde los grandes medios, más allá de que el panorama se comprima y se estreche, porque aún se sigue diciendo “lo ví en la TV”…”lo dijo la radio”.

(*) Periodista política, conduce de lunes a viernes de 7 a 9, por Radio de la Ciudad (AM 1110) el ciclo Esperá que me despierte.