miércoles, 10 de agosto de 2011

Murió el periodista Claudio Díaz

Claudio Diaz, un joven periodista que supo plantarse ante Clarín y renunciar antes que bastardear la profesión, acaba de morir.


Escribió libros, recibió amenazas y castigos de parte del Grupo y declaró con la mayor ética: "prefiero trabajar de remisero antes que traicionar mi vocación periodística".

Dios le dijo: "te quiero a mi lado, porque como vos hay pocos". Los "periodistas" del grupo, esos que ponen la cara endurecida... cuentan dólares.



LA RENUNCIA A CLARIN DEL PERIODISTA CLAUDIO DIAZ
(La renuncia es del 3-04-2010)
He tomado la decisión de renunciar al cargo de redactor que ejercía y, como es de rigor en estos casos, quiero despedirme de los amigos que gané durante mis siete años de permanencia en el diario y de los buenos compañeros con los que compartí muchas tardes entretenidas.
Pero no quiero irme sin antes explicarles, a ustedes y también a quienes ocupan los cargos jerárquicos de esta empresa, los motivos de mi retiro. A fines de marzo la revista Veintitrés me pidió una opinión sobre el rol que cumplen los medios periodísticos y algunos intelectuales en la elaboración del discurso político actual.
Yo efectué una dura crítica a lo que se da en llamar el Grupo Clarín y acentué, particularmente, lo que a mi criterio había sido una clara manipulación informativa durante la cobertura del conflicto Gobierno vs. Campo, tanto por parte del diario como de Canal 13 y TN. En este caso no hice más que expresar, libremente, la vergüenza que me provocó -como periodista pero también como simple ciudadano- el ejercicio “periodístico” del Planeta Clarín y sus satélites.
La reacción por parte de la empresa, como es de suponer, fue inmediata.
Y hasta la consideré razonable.
Es más: a uno de los colegas aludidos, Julio Blanck, le dí explicaciones acerca de por qué yo lo incluía en una lista de hombres de prensa que -desde mi punto de vista- sostienen un discurso “progresista” pero le terminan haciendo el juego al llamado establishment.
Hasta ahí todo bien.
Lo que siguió después es distinto.
Las autoridades editoriales (en este momento no se me ocurre otro término) le comunicaron a mis jefes que “de ahora en más” dejara de escribir la página 3 del Zonal (que se supone es la más “importante”) y que me limitara a hacer -es textual- “notas blandas”.
Una estupidez, realmente.
Pero pocas horas después se emitió otra orden: que no se me autorizara a tomar la totalidad de días de vacaciones adeudados, que había pedido para esta semana…
No dieron argumento alguno para justificar la negativa. La verdad es que por ninguno de estos dos castigos tendría que haberme hecho mala sangre.
Sin embargo, dije “basta” y tomé la decisión de no seguir adelante con mi trabajo en el Zonal, harto del doble discurso de este diario, de su hipocresía, de pontificar en sus editoriales y notas de opinión una cosa para después hacer otra.
Es tanta la repugnancia que sentí por quienes posan como adalides de la libertad de expresión que me dije a mi mismo: “hasta aquí llegué”.
Quiero decir: hace más de 20 años que ejerzo el oficio de periodista; conozco perfectamente los condicionamientos que nos ponen para atenuar o directamente diluir nuestra vocación de contar y decir las cosas como uno cree que son, aun a riesgo de equivocarse.
En fin, en casi todos lados he comprobado (eso tan viejo pero siempre vigente) que una cosa es la libertad de prensa y otra la libertad de empresa.
Pero lo que viví en Clarín en los últimos tiempos superó todo… Gracias a Dios, ¡todavía tengo vergüenza!
Pero lo que ya no tengo es estómago para tragarme las cosas que hace este diario en nombre del periodismo.
A esta altura ya no puedo soportar tanto cinismo.
Como cuando desde un título o una nota se insiste en que no decrece el nivel del trabajo en negro y las condiciones laborales son cada vez más precarias, siendo que en todas las redacciones del Grupo se emplea a pasantes a los que se los explota de manera desvergonzada, obligándolos a hacer tareas de redactor por la misma paga que recibe un cadete, sin obra social ni vacaciones.
Es el mismo cinismo de despotricar contra la desocupación al tiempo que se lanzan a la calle nuevos productos sin contratar a trabajadores, duplicando y hasta triplicando el horario de los que ya están dentro de la maquinaria.
Es el mismo cinismo de presionar a redactores para que se conviertan en editores, bajo la promesa (falsa) de que “algún día” se les reconocerá la diferencia salarial.
Si, como se sostiene el martes 15 en la cotidiana carta del editor al lector, “son los medios y los periodistas los que deben regularse y actuar con responsabilidad democrática”, pues bien Sr. Kirschbaum, yo empiezo por esa tarea. Porque si Clarín tanto se rasga las vestiduras asegurando que respeta la libertad de expresión, ¿por qué sanciona a un periodista que vierte, ejercitando esa libertad de pensamiento, una opinión?
Tengo otras cosas para decirle a usted y a quienes lo secundan (si es que a esta altura todavía están leyendo…): la demonización que practica el diario a través de un “inocente” semáforo que cumple la misión de dividir al mundo en ángeles y demonios (según el interés ideológico o comercial del Grupo), ha llegado al nivel de un verdadero pasquín que nada tiene que envidiarle a las publicaciones partidarias.
Es peor todavía, porque éstas tienen la honestidad de reconocerse como expresiones de un partido político o de un espacio ideológico.
En cambio, Clarín se imprime bajo el infame rótulo de periodismo independiente…
En pos de engrosar la cuenta bancaria se ha perdido todo decoro.
Da la sensación de que los que se llaman periodistas o columnistas ya ni sienten un mínimo de pudor por haberse convertido en contadores del negocio mediático, desvividos por saber cuánto dinero ingresa a las arcas; lo único que les falta es salir con el camión de Juncadella.
Digo esto porque ha sido patética, en la misma carta del editor del martes 15, la reacción editorial contra otros medios periodísticos competidores que estarían atreviéndose a morder un pedazo del queso que el Grupo quiere deglutirse, como de costumbre, solito y solo, calificando a aquellos de miserables, travestidos y miembros de una jauría.
¡Después cuestionan a D’Elía o a Moyano por las palabras “ofensivas” que lanzan contra el periodismo independiente y democrático!
La mayoría de quienes me conocen saben de mi simpatía y hasta cierta militancia por el peronismo.
Pero también saben que no me une ningún tipo de relación con el gobierno, ni con su tan temido Observatorio de Medios, ni con los jóvenes de la Cámpora ni tampoco con sus “grupos de choque”.
La aclaración vale para que estén tranquilos y no piensen que durante estos siete años fui un agente infiltrado en el Zonal Morón.
Simplemente amo el trabajo periodístico, tengo pensamiento propio (aunque, qué le vamos a hacer…: no es el políticamente correcto) y un compromiso de honrar mi oficio.
A Ricardo Kirschbaum, a Ricardo Roa y a tantos otros que mandan les digo que estoy preparado para asumir lo que venga, porque no me extrañaría que las redacciones de otros medios empiecen a recibir llamados telefónicos pidiendo que se me prohíba trabajar de lo que soy.
Tan libre me siento, tan espiritualmente íntegro de poderles decir lo que les digo (aunque les resbale), que ya no me importa si la larga mano del Grupo le pone candado a mi futuro para no dejarme otra opción que trabajar como remisero o repositor de supermercado.
Me voy orgulloso de haber seguido aprendiendo lo que es vocación, oficio, dignidad y ejercicio responsable del buen periodismo.
Que me lo dieron los jefes de los zonales y un montón de amigos y compañeros a quienes no voy a nombrar para evitarles quedar marcados por mi cercanía afectiva.
Me voy avergonzado de la conducta de quienes deberían honrar el trabajo periodístico y no lo hacen.
POSDATA: Mis queridos amigos: aquí les he reenviado el texto del correo que despaché hoy a compañeros del diario y a los principales jerarcas (Kirschbaum, Roa, Blanck, Van der Kooy, entre otros) explicando los motivos de mi renuncia.
Desde mañana, viernes, dejo de trabajar. Ya saben que también dejo el celular del Grupo.
De modo que para comunicarse conmigo por ahora tienen el teléfono de casa y este correo. Espero contar con un nuevo celular la próxima semana.
Fuerte abrazo para todos.

Claudio

lunes, 30 de mayo de 2011

Denuncian un gran desfalco en Papel Prensa

Publicado el 24 de Mayo de 2011 por Tiempo Argentino

Los síndicos titulares de Papel Prensa SA denunciaron ayer un gran desfalco económico perpetrado por Clarín y La Nación en desmedro de la compañía. Daniel Reposo, a su vez titular de la SIGEN, y Agustín Tarelli, presentaron un escrito ante el accionista por parte del Estado, Guillermo Moreno, y ante la Comisión Nacional de Valores (CNV). Recomendaron llevar el asunto a la justicia penal. Dijeron tener probado un perjuicio para la sociedad por 5 millones de pesos, en una maniobra administrativa efectuada el año pasado.Reposo y Tarelli citan el inciso 1 del artículo 177 del Código Procesal Penal de la Nación, que habla sobre el uso indebido de información privilegiada.

Los accionistas privados de Papel Prensa –según los síndicos– adquirieron entre agosto y octubre del año pasado, justo antes de subir el precio del papel, 11 mil toneladas al precio anterior. “Todo ocurrió cuando no estaban los directores del Estado”, señaló una fuente del gobierno.
El dato se pondrá de relieve en el mes de julio, cuando se deba aprobar el balance de la firma.

Además, los síndicos de la empresa informaron que consiguieron prueba documental sobre otros dos hechos. Por una parte, sobre la reventa de papel impreso que realiza AGEA –del Grupo Clarín– a Papel Prensa a 900 pesos la tonelada. Un volumen que llega al 7,7% de la producción total de la papelera, y que representa el 13,8% de la demanda insatisfecha de clientes no relacionados. La jugada le permite a Clarín, además, saturar con una tirada gruesa los centros de ventas, y obliga a sus competidores a importar papel.

Por otro lado, los funcionarios dieron pistas firmes sobre la licuación de una pesada deuda que Clarín y La Nación tenían en 2003, cuando les aplicaron una quita del 72,6% de los intereses, con un plazo de gracia de 32 meses, y el saldo lo pagaron en ocho cuotas anuales, con un interés compensatorio sólo del dos por ciento sobre saldos, pagaderos semestralmente. “Una tasa por debajo de la tasa libor, que es con la que prestan los bancos mayoristas a los minoristas, distinta a la que se le aplicó a otras empresas”, argumentaron las fuentes.

La semana pasada, luego de que la justicia los restituyera a partir de una presentación formulada por la CNV, volvieron a participar tres directores que representan al Estado en el directorio de Papel Prensa, que cuenta con un total de diez integrantes. La Secretaría de Comercio Interior, a cargo de Moreno, es quien representa al Estado dentro del directorio de Papel Prensa.

lunes, 9 de mayo de 2011

Representaciones mediáticas sobre lo masivo



Sobre la aparición de los nuevos diarios “populares” un artículo excelente del investigador Martín Becerra.

Año 3. Edición número 155. Domingo 8 de mayo de 2011
Por Martín Becerra, Univ. Nac. de Quilmes. Conicet
cultura@miradasalsur.com

La aparición de los diarios Muy (Grupo Clarín) y Libre (Editorial Perfil) despertó el interés del ambiente periodístico por varios motivos:

1. Estos dos nuevos emprendimientos tienen como destinatario ideal a un público popular, de clase media y media-baja. Este segmento de la población, que hasta hace tres décadas era intensiva consumidora de diarios y revistas populares, acusó el impacto del desmantelamiento del aparato productivo nacional –su fuente de ingresos– reduciendo también sus consumos culturales. Que hoy el mercado de medios apunte a la clase media-baja es un indicio de la recuperación macroeconómica y del poder de compra de un sector castigado hasta hace pocos años por sucesivas políticas económicas.

2. Surge el interrogante sobre los cambios en el consumo de prensa por parte de los sectores populares que, además de condicionados por la merma en sus ingresos, también fueron afectados por la presencia de otros medios: notablemente la televisión multicanal y de pago, con enorme presencia en los asalariados argentinos; y recientemente las conexiones fijas y móviles a internet. Hay ya generaciones de argentinos de clase media y media-baja en los que la lectura del diario no forma parte de sus hábitos cotidianos. En este sentido, la industria de periódicos, con el lanzamiento de dos nuevos productos, parece querer inyectar una necesidad en la sociedad, lo que constituye una apuesta de resultado incierto.


3. El segmento estaba, hasta ahora, cubierto en parte por dos diarios del Grupo Clarín (diarios Clarín y Olé) y, en particular, por Diario Popular, un medio sólido con un sostenido incremento en ventas que interpela a sus lectores desde un lenguaje consistente y conocedor de su cultura. También Crónica, que había liderado el segmento y en las últimas dos décadas perdió eficacia y ventas, complementa este nicho.


4. Como bien consignó Diego Rottman en http://www.malaspalabras.com, Libre y Muy parecen “diarios escritos por periodistas de Palermo para lectores del conurbano”, a diferencia, justamente, de Diario Popular. Para Rottman, “es hasta gracioso que Libre ofrezca su PIN de Blackberry”.


5. Si algo caracteriza a los empresarios de medios, más allá de su apoyo u oposición al actual Gobierno, es la constante queja acerca de la insuficiencia del mercado publicitario para sostener los costos de producción. Es extraño, entonces, que en un ámbito geográfico que ya contaba con 14 diarios se sumen ahora otros dos. La torta publicitaria de la que viven los medios es inelástica y en sus primeros ejemplares ni Libre ni Muy atrajeron grandes anunciantes. Con un precio de tapa de 2,5 pesos y sin publicidad, la razón de la existencia de estos dos nuevos diarios resulta, pues, extraeconómica.


http://sur.elargentino.com/notas/representaciones-mediaticas-sobre-lo-masivo

jueves, 3 de marzo de 2011

"Clarín miente..."

En el año 2000 los grandes medios de prensa de nuestro país (Clarín y La Nación), intentaron destruir al gremio de canillitas: primero bajando su porcentaje de ganancias y luego quitándole la exclusividad para vender diarios y revistas. Entonces, algunos de los perjudicados, iniciaron una campaña en defensa de sus fuentes de trabajo y, entre sus muchas acciones, pintaban en las paredes: “Clarín miente”.

¿Por qué fue? Porque veían que los diarios, cuando decían que su intención era garantizar la “libertad de prensa”, ocultaban que la verdadera intención era monopolizar la venta de diarios eliminando la competencia.

Porque lo cierto es que los quioscos de diarios, repartidos por todos los barrios, venden todos en igualdad de condiciones. La revista de mayor lujo está al lado de otra de deportes o de humor, y un semanario político puede estar al lado de otro de poesía. Algo que garantiza la pluralidad de voces. Para el Grupo Clarín, apoderados del papel (la materia prima), sólo les faltaría concretar la comercialización y su poder sería absoluto por sobre los posibles competidores.

En la época en que los hoy mayorcitos estudiábamos periodismo, aprendimos que un título, una foto o una tapa, tanto podía revelar la realidad como ocultarla. Por esa época pudimos advertir cómo los grandes diarios mentían, simplemente ocultando o resaltando según su interés.

Apenas iniciado el siglo, quien esto escribe tuvo posibilidad de participar en varios seminarios dictados por Adepa (que representa a los dueños de diarios). Algunos de esos seminarios eran sobre “periódicos regionales”. Allí, diarios y periódicos de todo el país contaban sus experiencias y explicaban cómo hacían para sobrevivir. Al tiempo comprendimos que los participantes no eran los que aprendían, sino que fue al revés: con las experiencias, tomadas una a una, poco tiempo después Clarín iniciaba su etapa de suplementos locales.

Y el círculo cerraba. Gracias a Videla se habían quedado con el papel en 1977, manejando los precios y las entregas fueron eliminando a la competencia (Crónica, Ámbito, entre otros), consiguieron que los gobiernos de Menem y Duhalde les entregaran las radios, los canales y el cable, luego este último licuó sus deudas durante la crisis y, por fin, monopolizando la comercialización, sólo les faltaba liquidar a los regionales en el resto del país.

Los suplementos locales del Grupo Clarín competían deslealmente con los medios locales y regionales, salían a pérdida, pero trataban de atrapar pequeños anunciantes (los grandes siempre los tuvieron), liquidaban el pequeño negocio de volantes insertados por los diareros y, de paso intimidaban a los municipios que, inmediatamente les dieron publicidad, con la esperanza de que el gran cuco los tratara bien, o que alguna vez les diera espacio en la nave insignia. Pero todavía no triunfaron; canillitas y medios pequeños lucharon para evitar que los aplasten.

Algunos logros se consiguieron. Hoy se cuestiona la adquisición y monopolio del papel, los canillitas lograron que se mantuviera su estátus, los medios más chicos y regionales resistieron muy bien y hoy, desde el parlamento (ley de medios), de la Justicia (avanzan las causas contra los que no cumplen con la ley) y desde el Estado se intenta poner límites a su poder.

Y hasta sus propios trabajadores logran éxitos en su lucha para democratizar la vida interna en el Grupo. Sin embargo, todavía pueden seguir ocultando, tergiversando, ninguneando más que nunca. Como dirían los canillitas: “Clarín miente”, “desinforma”, y cada vez con menor vergüenza.

Pueden hacerlo. Tienen derecho a defender con uñas y dientes sus intereses comerciales, pero los lectores tenemos nuestras propias armas: cuestionar, dudar, averiguar por nuestra cuenta, leer entre líneas ante cualquier medio, ante cualquier información que se presente como “la verdad”.

Acaso ese ejercicio nos podrá ayudar a ser un poco más libres, o aunque sea, menos ingenuos.

martes, 11 de enero de 2011

"La Nación" ayer, hoy y ¿siempre?

Quisiera empezar el año con una pequeña curiosidad.

Ya conocen mi opinión acerca del periodismo, y lo mal que lo ejercen los grandes medios. Por algo empezamos con Prensa Libre hace 24 años; veíamos que los grandes medios ninguneaban a los barrios, a la "gente común", y sólo se ocupaban de las ciudades y los pueblos de las provincias argentinas cuando una tragedia, un crimen o alguna figura más o menos popular los visitaba.

Por esa época supimos que había miles de medios y periodistas de todo el país, más o menos modestos, más o menos profesionales, pero dignos, que procuraban lo mismo que Prensa Libre: llegar al lector en su propio barrio y contarle lo que los grandes medios escondían.

Y no es extraño y no tiene nada que ver con la idea política de cada uno. Cuando más grande es un medio, más grande es la empresa que lo sostiene, y cuando ésta es casi un monopolio que cuenta con infinitos medios, y también con intereses financieros, inversiones diversas, participación en la bolsa y hasta capacidad de lobby y aliados en todos los ámbitos... Bueno, ya no se trata del cuarto poder sino del primero, o del segundo aliado con el primero.

Uno de estos "grandes" es el diario "La Nación", siempre, desde su propio origen, representando a los sectores ligados al poder económico y político, haciendo gala de su capacidad de cambiar leyes, torcer a la justicia a los dirigentes políticos y a los presidentes.

Por lo menos, esto es lo que se desprende con claridad de un artículo debido a un médico, político, periodista y escritor argentino, que le dio su apellido a un municipio del gran Buenos Aires: Eduardo Wilde.

Sin más interferencias, aquí va un fragmento de su nota: “La nación” y su partido, escrita en 1885.

“La nación” y su partido

“(…) "La Nación" tiene, como su dueño, una tradición. Se fundó para sostener el gobierno del General Mitre y debió su éxito primero a una nimiedad, al hecho de poner en lo alto de la primera página la salida de los trenes, lo que lo asemeja a una guía, y por lo tanto le daba grande importancia, pues por aquellos tiempos no había guías en Buenos Aires.

Por estas épocas el partido mitrista estaba en derrota y sus afiliados se ocupaban de dos cosas:
lº Leer "La Nación" era cosa de conciencia.
2º Tramar revoluciones.

"La Nación" progresaba, se vendía como se vende la biblia en Inglaterra, y le sucedía lo que le sucede a la misma biblia: nadie la entendía.
Pero eso no importaba.

Un mitrista, por aquellos días, no almorzaba antes de leer "La Nación", como los curas que no almuerzan antes de decir misa.
Una vez leída "La Nación", ya estaban listos para todo, briosos y contentos; El sastre les podía tomar medida, para hacerles ropa, podían hacerse cortar el pelo; se resolvían a pasar por la casa de sus novias, y se hallaban, en fin, en actitud de emprender las más grandes conquistas y de discutir amplia e inútilmente todos los problemas sociales.

¿Ha leído Ud. "La Nación? se preguntaban unos a otros en la calle.
Una mirada terrible era la sola contestación, una mirada que quería decir: ¿Acaso no soy hombre?

El hecho es que en aquella época, el partido mitrista era una religión con todos sus atributos, y cada mitrista un devoto fanático, intransigente, apasionado y sincero. Creer en Mitre era creer en Dios.
No eran los suscriptores quienes sostenían "La Nación"; era la fe, la creencia en un Mitre supremo creador y orador de todas las cosas, aunque todas le salieran mal.
Esta idolatría ha continuado; la religión de Mitre ha perdido, es cierto, la mayor parte de sus adeptos, pero todavía cuenta numerosos y arrumbados sus creyentes que sostienen el culto y se desayunan con "La Nación".

¿Cuál ha sido entre tanto el papel de ese gran diario en la política del país?
El mismo que el de su actual propietario.
Sirvió un tiempo para mucho; hoy no sirve sino para anular a sus allegados.

Desde los primeros días del gobierno de Sarmiento, "La Nación" abrió campaña contra él, y la campaña más o menos violenta ha continuado contra todos los gobiernos (…)

La razón de la impotencia de "La Nación" es su falta de tino práctico; su manía de ir contra los hechos, su vanidoso amor por las fórmulas vacías, sus utopías cambiantes, sus principios de ocasión que cambian con el viento del día, su imprevisión, en una palabra: Sí, su imprevisión.
Esta palabra debería figurar en la casa, en el templo, quisimos decir, de "La Nación", como un epitafio.

(…) "La Nación" sería un diario de verdadera importancia si tuviera principios, lógica, consecuencia, previsión y amor bien entendido por su partido.
Así como está, solo es una empresa comercial en la que (…) noticieros y cronistas ven pasar los años envejeciéndose en el santo temor de Dios.

(Eduardo Wilde, "Fígaro", octubre 28 de 1885)

martes, 28 de diciembre de 2010

¿Cuál Nelson Castro? ¿El que compró casi dos millones de dólares?


Después de leer estas cosas, uno ingenuamente se pregunta por qué estas noticias no aparecen en las páginas de los grandes medios


Degradación (de Página 12: 28-12-10)


Por Horacio Verbitsky

Nelson Castro le preguntó al jefe del gabinete Aníbal Fernández por su presunto nexo con negocios turbios de la Policía Federal, afirmación que me atribuyó. Cuando Fernández negó que yo le hubiera formulado tal cargo, Castro le dijo que le mandaría un mail con mis notas. Le agradecería que me lo enviara también a mí, a ver si me entero. Al introducir su pregunta, Castro dijo “según plumas que responden al gobierno, como Horacio Verbitsky”. La degradación de los estándares periodísticos por una motivación política rompe así nuevos límites, pese a las luchas compartidas por la libertad de expresión. Le aconsejo que lea lo que el domingo escribió sobre mí Jorge Fontevecchia, director del bisemanario que cada domingo edita la columna de Castro, inspirada por el secreto lema “Más vale rumor en mano que cien noticias volando”.


Según la página Web de diario Crónica del 7-02-2010, entre las personas vinculadas con los medios que hicieron compras entre 2008 y 2009 se encuentra el periodista Nelson Castro ($ 785.125 en 2008 y $ 991.790 en 2009)

viernes, 10 de diciembre de 2010

Otra vez fuentes falsas de Morales Solá y La Nación

Esta vez el crédulo es el obispo de La Rioja, Roberto Rodríguez, quien basándose en dos notas del diario La Nación, acusó a senadores de haber recibido coimas para la aprobación de la ley de matrimonio civil.

El obispo había leído la nota de Joaquín Morales Solá donde se decía: “Hace poco, con motivo de la votación de la ley que instituyó el matrimonio igualitario, la senadora riojana Teresita Quintela confesó públicamente que estaba en contra de la iniciativa, por firmes razones de conciencia, pero que votaría a favor porque debía preservar la solvencia fiscal de su provincia”.

La senadora, que había presentado un proyecto de referéndum para que la “sociedad se expidiera” antes de aprobar la ley, estudia ahora demandar al periodista de La Nación (denunciado también por haber colaborado con altos jefes militares de la dictadura) por sus dichos.

El cura Rodríguez por su parte, debió retractarse de sus dichos, y en su descargo afirmó que la prensa “tergiversa los dichos”. Claro, el obispo no tuvo en cuenta que, en su cruzada antikirchnerista, Morales Solá estaba dispuesto a trabajar con rumores, fuentes desconocidas y pruebas escurridizas.

Todo vale para ciertos periodistas políticos, en su afán de proclamar sus ideales, por encima de la realidad y la verdad, y todo vale para los que no resignan a aceptar la legitimidad de las leyes que aprueba la mayoría de la sociedad.

Si la justicia confirmara la autenticidad de la foto donde Morales Solá junto al general Acdel Vilas visita un campo de concentración de la dictadura (Miradas al Sur 5/12/2010), más que un juicio por calumnias, el escriba de La Nación deberá afrontar una acusación mucho más grave.