viernes, 10 de enero de 2014
Volver a empezar
Sí, algunos (o muchos) sabrán que estuve enfermo y no pude ocuparme de muchas cosas hasta hace poco.
Sin entrar en demasiados detalles, desde el año 2012, este blog quedó desactualizado.
Y bien digo en la presentación del año 2009: "Si bien este blog es personal, en él trato de que puedan leerse artículos de interés para enriquecer el pensamiento de los visitantes". Con la intención de una "lectura crítica", con gustos y opiniones diferentes, para poder "debatirlas y enriquecernos con las ideas de otros".
Lo principal -decía- es "descubrir lo que hay detrás de cada información", y "entrenarse para no dejarse embaucar".
Análisis de noticias, opiniones, debates... Quizás podamos hacerlo... Tal vez podamos enriquecernos...¿lo intentaremos? Lo intentaré por lo menos.
Veamos si sirve.
Hasta la próxima
lunes, 2 de abril de 2012
¿Por qué La Nación rompió su tradición?

En estos días me llamó particularmente la atención una serie de notas del diario La Nación con información errónea, inexacta, prejuiciosa o directamente especulativa, que tuvo que ser desmentida por el diario en algunos casos, o disimulada en otros.
Como asiduo lector de La Nación, prácticamente desde la niñez, sé qué intereses representa, conozco su apoyo a todos los regímenes autoritarios de la Argentina, su repudio a todo lo que pueda ser considerado “popular” y de su adhesión a los grandes grupos financieros, industriales y agropecuarios.
Sin embargo, hasta hace pocos años consideré que representaba a cierto profesionalismo periodístico que, sin ocultar sus simpatías por la que puede denominar el más rancio conservadurismo, era capaz de diferenciar los hechos de las opiniones y de respetar las reglas que se había fijado por escrito.
Sin embargo, releyendo el “Manual de estilo y ética periodística” publicado por el diario “La Nación”, en 1997 (al igual que lo hacen otros diarios del país y del mundo), pude advertir un abismo tan grande entre esas palabras y la realidad, que me impresionó.
El manual mismo se presenta, entre otras cosas, como “un imprescindible compendio de los principios éticos y de conducta profesional en la labor periodística” (pág. 13). Y en la sección Títulos dice: “Un buen titular (pág. 25) debe expresar el contenido del texto a que corresponde y atraer la atención del lector hacia el tema informando sintéticamente sobre el material que encabeza, sin exagerar el énfasis con que la parte noticiosa está concebida”.
Estaba muy fresco el titular del 29 de marzo pasado que reza: "Cuba necesita cambios", dijo Benedicto XVI.” ¡Oh sorpresa! para los que escuchamos el audio de las palabras del papa, que dijo textualmente: "Cuba, y el mundo, necesita cambios", y puso énfasis especialmente en las palabras “y el mundo”. Los que leyeron la nota completa habrán sentido lo mismo que yo, ya que pocos renglones más abajo, las palabras del Papa eran reflejadas ya sin censura.
Como es sabido, en estos días en que los lectores son remisos a ir más allá del título, esto significa, lisa y llanamente, un engaño, ya que ese titular será repetido inmediatamente en canales de noticias e informativos radiales, lo que contribuirá a acentuar la mentira. No lo digo yo, lo dice el Manual más adelante
Y si me permiten extenderme un poco, en la sección Principios éticos del Manual (pág. 45) se dice:
“LA NACIÓN no admite discriminación alguna por razones de raza, religión, nacionalidad, nivel cultural o posición social.”
Lo que me llevó a recordar la doble desmentida de la DAIA y de otras entidades judías, hace unos días, que llamaron la atención porque se expresaba sobre un funcionario del Ministerio de Economía, como: “judío”, “marxista”, “bisnieto de un rabino” e “hijo de un psicoanalista”… Sólo le faltaba agregar que tenía pie plano…
Claro, estas expresiones llamaron la atención y fueron denunciadas, pero el sistema se repite en las secciones: política, policiales y sociales.
Sigamos un poco más. En el sub capítulo Versiones y rumores (pág.47) se dice: “Las versiones y rumores sobre los hechos –particularmente los de índole política- no deberían ser calificados como noticias, que son informaciones verdaderas.” Y aclara luego que si no es posible evitar mencionar esos rumores, “los redactores de LA NACIÓN deberán precisar que no se trata de noticias, sino de subproductos de valor dudoso o conjetural”.
Vaya por todas las noticias publicadas en los últimos tiempos, por diversos medios, a los que suma La Nación, que se basan en rumores, o denuncias que muchas veces no se concretan en sede judicial, y que si lo hacen al poco tiempo desaparecen porque pierden entidad. Busque el lector cuántos denunciados fueron finalmente procesados (salvo Pedraza, Zanola o Macri, los demás se hicieron agua por falta de sustento).
Más adelante explica el manual que el diario se atiene también a conductas internacionalmente reconocidas, especialmente las fijadas por la prensa tradicional de Gran Bretaña y de EE.UU. Una de ellas, la de The Washington Post, señala: “Ninguna crónica es imparcial si omite hechos de gran importancia o significación. La imparcialidad implica el carácter integral de la noticia.” E insiste (pág. 56): “Ninguna crónica es imparcial si (…) mueve a error o incluso engaña al lector”.
Y sigue en la pág. 57: “Ninguna crónica es imparcial si los redactores ocultan sus prejuicios o emociones detrás de ciertos términos sutilmente despectivos…”
Por su parte, una entidad periodística inglesa, en las páginas subsiguientes, continúa detallando una supuesta actitud ética y no discriminativa (pág. 63): “La prensa debe evitar toda referencia peyorativa o prejuiciosa (…) debe evitar publicar detalles acerca de la raza, religión, el sexo o la tendencia sexual de una persona a menos que esos datos sean pertinentes a la noticia”.
Para terminar, invito al lector a realizar un juego. Al leer o escuchar una noticia, trate de tener en cuenta estas observaciones y sacar sus propias conclusiones, basadas en la ética que se proclama y la realidad de lo que se dice. Si no resulta divertido, por lo menos, acaso, lo acerque un poco a la verdad.
miércoles, 18 de enero de 2012
Clarín y La Nación y las mentiras sin descanso

Sus títulos demuestran de qué manera desprecian, no sólo la inteligencia de la gente, sino las mismas instituciones de la democracia argentina. “Ataques a la prensa”, ellos le llaman a las leyes del parlamento argentino que limitan su poder sobre el resto de los medios de prensa.
Hoy por ejemplo, La Nación, titula: “Nuevo avance sobre la prensa: fijan cupos para importar papel”. La Nación sabe que miente, sabe que intenta tergiversar el sentido de las medidas que obligan a los poseedores del papel a producir más. Pero ellos, no quieren producir más papel, porque consideran que es suficiente con lo que se venden a sus propios medios y los de sus subordinados. El resto, arguyen, que lo importen pagando más caro.
Como se sabe, los dos diarios se hicieron dueños del papel allá, justamente por 1977, y de la mano de Videla y su banda de piratas… Las denuncias de apropiación ilegal, de delitos de lesa humanidad, sobre sus maniobras para quedarse con el papel que debía ser “de todos”, duermen en los juzgados porque, se sabe, la Justicia es lenta con los poderosos y rápida con los pobres.
No sólo se apropian del papel, no sólo se venden a ellos mismos más barato, sino que además se compran las devoluciones (eso que no se vende en los quioscos), prácticamente al costo de hacerlas. Por eso uno puede ver pila de “clarines” que no se venden, porque total “Papel Prensa S.A.”, le paga a los diarios el total de lo que les cuesta.
Cuatro aumentos de precio en 2011 significan duplicar la inflación que el propio Clarín dice (sin base científica) que se produjo en el país, provocando así un aumento de precios innecesario. Lo mismo hacen con Cablevisión. Si el gobierno intenta tibiamente que cobren lo que corresponde y si hay jueces que se ponen del lado de los usuarios, ellos se burlan del pueblo, de las instituciones y de los jueces serios, haciendo lo que se les viene en gana, sin pagar una sola multa, sin cumplir con la ley e invocando “la libertad de prensa”, que, en su caso es la libertad de hacer lo que quieren, porque todavía tienen el poder.
Clarín y el monopolio del papel y de los medios, junto a los sectores dominantes del petróleo, junto a las cementeras (que nos enteramos ahora que no pagan las multas fijadas por la Justicia desde 2005), junto a los señores del agro concentrado que quieren que no les cobren impuestos cuando no llueve, y tampoco cuando llueve, porque son los que producen la riqueza… que ellos disfrutan. En fin, esos sectores poderosos, junto a las empresas de alimentos que fijan precios, y a los hipermercados que los acompañan con ganancias exorbitantes (si pueden hacer descuentos del 50 o el 70 % ¿cuánto ganan?), o las prepagas que cobran lo que quieren, o los bancos que ofrecen créditos usurarios y ganan cuanto se les antoja…
Todos esos son los verdaderos enemigos, que Clarín y La Nación defienden. Esos son los responsables de que existan todavía chicos con hambre, hospitales sin insumos, sindicalistas vendidos y policías corruptos. Esos son les responsables de que los argentinos no estemos muchos mejor de lo que logramos mejorar en estos últimos años.
A esos es necesario pararles la mano, ya, ahora, porque si no, no habrá valido nada todo lo que se progresó hasta hoy. Sin el necesario freno a las corporaciones que detentan todavía el poder, será imposible alcanzar la sencilla, modesta y necesaria felicidad que el pueblo anhela.
jueves, 3 de marzo de 2011
"Clarín miente..."
En el año 2000 los grandes medios de prensa de nuestro país (Clarín y La Nación), intentaron destruir al gremio de canillitas: primero bajando su porcentaje de ganancias y luego quitándole la exclusividad para vender diarios y revistas. Entonces, algunos de los perjudicados, iniciaron una campaña en defensa de sus fuentes de trabajo y, entre sus muchas acciones, pintaban en las paredes: “Clarín miente”.¿Por qué fue? Porque veían que los diarios, cuando decían que su intención era garantizar la “libertad de prensa”, ocultaban que la verdadera intención era monopolizar la venta de diarios eliminando la competencia.
Porque lo cierto es que los quioscos de diarios, repartidos por todos los barrios, venden todos en igualdad de condiciones. La revista de mayor lujo está al lado de otra de deportes o de humor, y un semanario político puede estar al lado de otro de poesía. Algo que garantiza la pluralidad de voces. Para el Grupo Clarín, apoderados del papel (la materia prima), sólo les faltaría concretar la comercialización y su poder sería absoluto por sobre los posibles competidores.
En la época en que los hoy mayorcitos estudiábamos periodismo, aprendimos que un título, una foto o una tapa, tanto podía revelar la realidad como ocultarla. Por esa época pudimos advertir cómo los grandes diarios mentían, simplemente ocultando o resaltando según su interés.
Apenas iniciado el siglo, quien esto escribe tuvo posibilidad de participar en varios seminarios dictados por Adepa (que representa a los dueños de diarios). Algunos de esos seminarios eran sobre “periódicos regionales”. Allí, diarios y periódicos de todo el país contaban sus experiencias y explicaban cómo hacían para sobrevivir. Al tiempo comprendimos que los participantes no eran los que aprendían, sino que fue al revés: con las experiencias, tomadas una a una, poco tiempo después Clarín iniciaba su etapa de suplementos locales.
Y el círculo cerraba. Gracias a Videla se habían quedado con el papel en 1977, manejando los precios y las entregas fueron eliminando a la competencia (Crónica, Ámbito, entre otros), consiguieron que los gobiernos de Menem y Duhalde les entregaran las radios, los canales y el cable, luego este último licuó sus deudas durante la crisis y, por fin, monopolizando la comercialización, sólo les faltaba liquidar a los regionales en el resto del país.
Los suplementos locales del Grupo Clarín competían deslealmente con los medios locales y regionales, salían a pérdida, pero trataban de atrapar pequeños anunciantes (los grandes siempre los tuvieron), liquidaban el pequeño negocio de volantes insertados por los diareros y, de paso intimidaban a los municipios que, inmediatamente les dieron publicidad, con la esperanza de que el gran cuco los tratara bien, o que alguna vez les diera espacio en la nave insignia. Pero todavía no triunfaron; canillitas y medios pequeños lucharon para evitar que los aplasten.
Algunos logros se consiguieron. Hoy se cuestiona la adquisición y monopolio del papel, los canillitas lograron que se mantuviera su estátus, los medios más chicos y regionales resistieron muy bien y hoy, desde el parlamento (ley de medios), de la Justicia (avanzan las causas contra los que no cumplen con la ley) y desde el Estado se intenta poner límites a su poder.
Y hasta sus propios trabajadores logran éxitos en su lucha para democratizar la vida interna en el Grupo. Sin embargo, todavía pueden seguir ocultando, tergiversando, ninguneando más que nunca. Como dirían los canillitas: “Clarín miente”, “desinforma”, y cada vez con menor vergüenza.
Pueden hacerlo. Tienen derecho a defender con uñas y dientes sus intereses comerciales, pero los lectores tenemos nuestras propias armas: cuestionar, dudar, averiguar por nuestra cuenta, leer entre líneas ante cualquier medio, ante cualquier información que se presente como “la verdad”.
Acaso ese ejercicio nos podrá ayudar a ser un poco más libres, o aunque sea, menos ingenuos.
miércoles, 6 de octubre de 2010
Impedir: la consigna de Clarín
No es, claro, una actitud simpática, pero parece ser la única que le queda para tratar de mantener su posición dominante en la sociedad argentina.
Hasta hace poco el Grupo tenía dominio absoluto (junto a su colega La Nación y la permisividad del Estado) sobre el papel para diarios que se fabrica en la Argentina. Eso se debió al acuerdo alcanzado con la dictadura militar en 1976. Como consecuencia de ello, Clarín pudo hundir a su competidor directo (Crónica), retaceándole el papel o vendiéndoselo más caro, y como consecuencia logró ponerse a la cabeza de los medios e impedir que cualquier otro pudiera hacerle sombra.
Hoy, alcanzado por las denuncias del resto de los medios y por presentaciones judiciales realizadas por el propio Estado nacional, intenta hacer valer su poder de lobby presionando a diputados y senadores para evitar las investigaciones en marcha en el congreso, y censura en sus medios y en los de sus aliados, las noticias que no favorecen a sus intereses.
Por otra parte, el Estado está obligado a tomar medidas para recuperar su papel como socio de Papel Prensa, ya que tiene el 27 por ciento de las acciones y una responsabilidad indelegable en la defensa de los intereses de los ciudadanos, y ante los que debe rendir cuenta.
Conviene recordar que Clarín también posee una posición dominante en la televisión argentina. Más hoy, cuando es casi imposible acceder a la televisión abierta sin cable. Porque el Grupo no sólo es dueño de un canal abierto (el 13), sino también de varios canales de cable, de noticias y entretenimientos, y no sólo eso, es el dueño absoluto de la trasmisión de la TV por cable, y decide, por ejemplo, que algunos canales no se vean (caso CN23 y Telesur entre otros) y que ellos determinen cuáles son los mejores lugares para que sus mensajes tengan mayor impacto.
El caso Fibertel es otro de los dominios absolutos que tiene el Grupo. A través de su posición en el cable, por la misma línea envía Internet, y lo cobra, y caro, y es monopólica para amplias zonas del país. Claro que Fibertel no existe, y no puede hacer lo que hace. Como cualquiera que realiza una actividad ilícita; pero Clarín la mantiene a fuerza de poder. O sea, el poder absoluto, el poder verdadero; también allí es más poderoso que las leyes. Eso sí, a usted no se le ocurra poner un quiosquito en el barrio porque si lo descubren se lo cierran y no hay juez que le haga caso.
Y encima están los hijos de dudoso origen adoptados por la dueña del Grupo. Ya hace años que se dice que no es legal esa adopción, que son hijos de desaparecidos, que existe un delito de Lesa Humanidad en el medio (como ocurre con Papel Prensa), pero no, el poder de Clarín (aunque la miseria moral de algunos periodistas les haga decir otra cosa), es el más fuerte. Ya hicieron echar a un Juez en 1995 (Marquevich) que se animó a encarcelar a la ex bailarina Ernestina Herrera. Y desde entonces, con artimañas jurídicas lograron lo que para cualquier otro sería imposible: que hasta hoy no se pueda obtener una muestra de ADN. Con ayuda de abogados, policías y jueces, lo lograron (pasaron casi 30 años de pelea y ¿sabe cuánto tardarían en sacarle sangre a usted (aunque no quiera) en caso de participar de un posible hecho delictual o un simple accidente?
Los poderosos tienen privilegios, es verdad.
El principal es impedir que las leyes se cumplan para ellos, el segundo es diferenciarse del resto de los mortales.
Mire, si no, cómo el asesino material de Cabezas (que fue un crimen bestial cometido por un supuesto encargo de Yabrán –que se suicidó por eso-, bajo la gobernación de Duhalde), está preso en su casa ¡Sí! Aunque no lo crea o se haya olvidado, ese criminal era el último preso de la banda. Todos están libres de alguna manera y, tal vez, listos para cometer otros encargos de poderosos personajes. Y esos poderosos los amparan, son leales con sus secuaces.
Allí está, por estos días, la poderosa Bunge que cometió la mayor evasión en el impuesto a la Ganancias de la historia. Usted tiene que pagar sus impuestos, pero ¿los poderosos? ¿ y los jueces? (que tampoco pagan Ganancias): bien gracias; ¿y los legisladores? listos para saltar por Clarín: bien gracias. Los proyectos duermen y los poderosos siguen en pie, libres de actuar como quieran… ¿Usted puede creer que un pedófilo con dos condenas firmes esté libre y aparezca por televisión como una estrella?
Todo eso es sólo una muestra de dónde está el poder. Sí, acertó, en los grupos económicos, que tienen tierras, bancos, grandes empresas monopólicas y grandes medios; y cuando el Estado (que nos debe representar a todos) intenta frenar ese poder, aparecen sus esbirros gritando: ¡Comunistas, totalitarios, drogadictos, populistas), para que los poderes se arrodillen y no se animen a tomar ninguna medida que pueda, aunque más no sea, atenuar sus privilegios.
sábado, 15 de mayo de 2010
Para "La Nación" Macri está más complicado que nunca
El procesamiento decidido por la justicia para Mauricio Macri no es el primero. Ya había corrido igual suerte, aunque no por escuchas ilegales sino por contrabando, pero en otras épocas, cuando los jueces menemistas lo dejaron libre de culpas.Ahora, la estrategia de Macri, de echar culpas a los demás y hacerse el desentendido, parece no bastarle.
Un síntoma de la difícil situación por la que atraviesa el empresario-jefe de gobierno, es el artículo que hoy viernes 15 publica el diario La Nación, con la firma de su espada política más importante, Joaquín Morales Solá. Si bien hasta ahora el diario había apoyado toda la gestión de Macri, minimizado hasta lo indecible las críticas en su contra y levantado su candidatura presidencial para 2011, parece que ese apoyo político tiene límites.
Al contrario de lo que hoy mismo realiza el monopólico Clarín en su título de tapa: “Procesaron a Macri, que salió a denunciar una maniobra” (nótese que con un sujeto incierto le dedica tres palabras a la noticia y el doble al supuesto descargo, manteniendo sin vacilar su continuo respaldo político), La Nación decide aflojar el apoyo.
Desde el título, con sujeto explícito y acusación directa, “Oyarbide procesó a Macri por integrar una asociación ilícita”, La Nación parece decir: ‘esto es serio y no podemos disimularlo’, pese a referirse a uno de los personajes más apoyados por el diario en los últimos tiempos.
Es interesante advertir que algo parece haberse quebrado en el férreo apoyo que parecía tener Mauricio Macri entre los medios coaligados. Pero también parece que algo se ha roto en el vínculo entre los medios hegemónicos. No es la primera vez que La Nación se diferencia de Clarín. Las manifiesta en el monopolio del papel que ejerce con su socio desde Papel Prensa, y mucho menos le entusiasma verse involucrado en la apropiación de bebés en el que podría derivar judicialmente el caso Ernestina Herrera y sus hijos adoptados. Más ahora, cuando la notoria baja de credibilidad, y de tirada, que viene soportando Clarín, lo tiene entre los medios beneficiados con traspaso de lectores.
Pero yendo al caso específico de Mauricio Macri y la nota de Solá, en ésta el escriba cuenta algo que había ocultado en su momento: “Cuando Macri decidió la creación de la Policía Metropolitana, gran parte de su equipo (incluido Montenegro) le propuso que designara como jefe de la nueva fuerza a un oficial de la Policía Federal de no más de 42 años, con una carrera profesional y dominio del inglés. Macri volvió con una decisión personal e inalterable: debía ser el desgastado comisario retirado Jorge "Fino" Palacios, a quien el líder de Pro le debe la liberación de su cautiverio cuando fue víctima de un secuestro extorsivo. Palacios (elogiado por unos y detestado por otros) sembró y regó internas furiosas dentro de la Policía Federal y con la propia ex SIDE.”
Esto es lo que cuenta ahora Morales, y agrega, como para que no queden dudas:
“Es difícil que la opinión pública entienda, fácilmente al menos, que James oía conversaciones en nombre del padre de Macri y en el gobierno de Macri, y que no había relación entre una cosa y la otra. Y, encima, que Mauricio Macri no conocía ni lo uno ni lo otro. Franco Macri, el padre, se hizo cargo públicamente del convenio con la empresa que lo contrató a James. Pero, ¿quién se hace cargo del nombramiento de James en el gobierno de Mauricio Macri?”
Para terminar, Morales Solá, luego de descargar su habitual andanada contra Kirchner, los funcionarios de gobierno y los jueces que no responden a los grupos hegemónicos, deja una duda, al señalar: “…si la Cámara confirmara su procesamiento. El arrebato de aquella designación de Palacios, y la presencia de un gobierno nacional adversario y dispuesto a jugar siempre a todo o nada, lo ha colocado a Macri muy temprano a un paso de la ruina o de la gloria.” Lo que equivale a decir que si la cámara continúa apoyando las acciones del juez Oyarbide, para La Nación por lo menos sería un: ‘adiós Macri, no te cubrimos más’.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Hoy se pasaron de brutos con los títulos
Miren ustedes. Clarín dice: “La Corte le reclamó mesura a Cristina por el ataque a los jueces”.Estudiantes de periodismo y periodistas recibidos, atención. Todo lo que les enseñaron no sirve. Clarín decidió cambiar las reglas. Eso que tanto le criticaban a Crónica en un tiempo: los títulos desmesurados (¿crispados se dirá ahora?) ya no corre más.
Voy al título: La Corte, con mayúsculas, invoca a un organismo casi sacrosanto. La Corte (¿donde se reúne el rey con los súbditos, donde se discuten los grandes temas?). El nombre le da importancia. “La Corte le reclamó”. ¡La pucha!, encima no pide, reclama debido a su importancia. Para Clarín lo que diga la corte es casi sagrado… “le reclamó mesura a Cristina”, continúa. Y uno, periodista, se pregunta ¿quién es Cristina?
Según el título de Clarín, con todo lo importante que parece ser “la Corte”, ¿se reúnen para pedirle mesura a una tal Cristina?
Según Clarín es “por el ataque a los jueces”. ¿Y cómo los atacó? ¿Con armas, con palabras, con miradas?
Convengamos que este título, no sólo es confuso, sino tendencioso y tiene fines perversos ¿Por qué? Porque nadie que sea más o menos ecuánime puede presentar de tal modo a uno de los tres poderes de la Nación: el Ejecutivo, la figura más importante del sistema democrático, según la Constitución Argentina, es el presidente de la nación, y aunque este sea ¡una mujer! merece el mayor de los respetos (por lo menos en la formalidad del periodismo).
Pero como Clarín olvidó el periodismo para pasar directamente a la política, hace rato que dejó de considerar a la presidencia de la nación como la máxima autoridad. Es sólo “Cristina”. En cambio, una parte del sistema judicial, la Corte, es más importante para ellos. Parece olvidar Clarín que el Poder Ejecutivo está integrado por una sola persona, el presidente, en cambio el Poder Judicial, como el Poder Legislativo, están integrados por cientos de individuos, y en el caso del Judicial, ni siquiera son elegidos democráticamente.
Si hay tres poderes, no sería lógico hablar de “ataque” en una nota periodística, a menos que se quiera dar la sensación de “caos”, algo que intenta el multimedio monopólico más grande del país desde hace unos cuantos meses, sin poder lograrlo todavía.
No hace falta meterse en la discusión y preguntar quién tiene razón, o cuál es el fondo de la cuestión.
Clarín, con su maniobra de desinformación permanente, hay que voltear a la Presidenta que perjudicó sus intereses particulares…
¡Viva el periodismo pendiente! (de sus propios intereses)
viernes, 26 de febrero de 2010
Inflación a toda costa, mentiras a la carta
Los grandes medios de prensa concentrados decidieron dedicarse a fogonear la inflación. El primer paso lo dio el diario “La Nación”, aumentando en enero su precio de tapa alrededor del 15%. ¿Por qué? No se sabe, y por supuesto que no le dieron explicación a nadie, aunque ese gesto no fue seguido por “Clarín”.A partir de allí, y en cuanto agotaron el tema “Redrado”, todos los medios concertados comenzaron a plantear que el consumo llevaba a la inflación. Ante el éxito mayúsculo de la temporada veraniega, su argumento negativo fue: a mayor consumo, mayor inflación, jugando con la inyección de dinero que el Estado aportó con la asignación básica por hijo, que significó un impulso al consumo, alejando al país, aún más, de las consecuencias de la crisis mundial. Empezaron con la carne (a partir de un aumento real y con múltiples causales) y trataron de extenderlo a otros rubros (si no lo hacían no podía hablarse de inflación). Por desgracia, para su intención, aumentaba la vaca y no aumentaba el pollo…
Y allí empezaron a hacer sus encuestas perversas. En realidad, un par de periodistas de TN dirigidos a los lugares más caros nos informaron del aumento del 30% de los útiles escolares. Duró muy poco. Al otro día salieron los directivos de las cámaras de librerías a desmentir enfáticamente. De un año al otro los aumentos no llegaban al 10 por ciento. Hasta la soberbia de Magdalena Ruiz Guiñazú debió recular frente a la realidad. Pero los medios no cejaron en su intento. Arremetió “Clarín” con un aumento del abono del cable del 10%, sólo motivado por sus ansias de ganar más y echar un poco de leña al fuego de la supuesta inflación.
“La Nación” volvió al ataque con los precios de las verduras. Hace una semana sacó una encuesta mentirosa, donde llegó a decir que había un aumento del tomate de más del 100% (justo el tomate que había llegado a $20 el kilo dos años atrás y hoy ronda los $5). Fue inútil, sólo la lechuga acompañó a los agoreros.
Las asociaciones de consumidores intentaron frenar el aumento del cable, pero no pudieron, los jueces adictos le dieron la razón (sin razón valedera), y por ahora, el injusto aumento se mantiene.
El último golpe es otra indignidad de los grupos monopólicos. Ahora anunciaron un aumento del papel de diario. Ellos, los dueños del “Papel Prensa” gracias a Videla, dan un nuevo golpe, obligando a todos los medios (regionales, barriales o independientes) a pagar más por el producto del que ellos son únicos dueños.
Lo vergonzoso de estos grupos, no es sólo que defienden sus intereses empresariales, no es sólo que saquen y pongan presidentes según su conveniencia, sino que además traicionen a la sociedad, le mientan alevosamente, traten de engañar con noticias no ciertas o que no son, violando sus propias normas y tratando de modificar la realidad a su antojo.
Leer atentamente cada línea, mirar menos televisión, advertir para quién trabaja cada seudo periodista que aparece, es una tarea urgente e indispensable para poder rescatar la verdadera realidad. O sí no, por nuestra salud mental, habrá que dejar de escuchar lo que “se dice”, según los medios, y empezar a ver con nuestros propios ojos cuál es la verdad que nos rodea. No es fácil, pero vale la pena intentarlo. Tal vez otro mundo se abra a nuestros ojos.
lunes, 8 de febrero de 2010
Hoy le toca a Clarín
Miren esta tapa. Lean este título catástrofe.Cualquier profesor de periodismo lo pondría como ejemplo a sus alumnos: “esto es la no noticia”, “esto es lo que no hay que hacer cuando se titula”, dirían. Acaso es opinión de un tercero: entonces no es noticia ni vale para un título catástrofe y mucho menos en tapa.
Se supone que Clarín tiene los mejores profesionales, tiene hasta una escuela de periodismo… Sin embargo ¿son tan brutos?
Posiblemente sus directivos y jefes ya no razonen correctamente. De tanto augurar caos y crispaciones, intentan poner ciertas sutilezas que no lo son. Quizá perdieron el rumbo, y con él, la credibilidad. Si sólo se perjudicaran ellos no sería nada, pero están afectando la credibilidad del periodismo todo.
Más tarde o más temprano, el lector va a dejar de creer, va a asimilar totalmente que están realizando un juego de poderes ajeno a la esencia del periodismo, ligado solamente a los intereses empresariales de los dueños de los medios.
Es un pecado tirar por la borda el trabajo de tanta gente durante tanto tiempo, pero son los riesgos que se corren cuando se pierde el horizonte y la profesionalidad.
¿No le parece?
viernes, 5 de febrero de 2010
¿Se puede saber cuándo nos mienten? (continuación)
La parte superior de la página 2 está dedicada a este tema y las fuentes de información son de agencias norteamericanas o de agencias de países aliados a los Estados Unidos.
Veamos qué dice el “Manual de estilo y ética periodística” del propio diario “La nación” (Pág. 47): “En los temas donde haya posiciones contrapuestas, LA NACIÓN recogerá en sus páginas todas las disidencias, a fin de ofrecer al lector una cobertura completa del asunto. La opinión propia del medio será tratada en la columna de editoriales”.
Caramba si en la cobertura de un posible conflicto entre dos países no existen “posiciones contrapuestas”. Por lo menos dos, y según el manual la obligación del diario es presentar ambas. Sin embargo, tanto en la tapa como en cobertura interior mencionada, todas las versiones son de las agencias antes mencionadas. ¡Bonita “cobertura completa”!
Por supuesto que el lector distraído cree encontrarse ante información pura. Sin embargo, como bien lo explica el manual citado, se trata de opinión pura. Para colmo opinión tendenciosa, porque responde a una sola tendencia: la de los EE.UU. y sus aliados.
Pero vayamos directamente al título, que informa: “Obama refuerza la defensa antimisiles alrededor de Irán”. ¿Está acaso Obama reforzando la defensa de Irán? ¿Estará Irán en peligro porque algún enemigo lo piensa atacar?
Parece que no, ya que el subtítulo, por suerte, aclara el título: “Ante la próxima imposición de más sanciones, quiere evitar una respuesta militar de Teherán”.
Ahora sí, como explica más abajo el texto: “Estados Unidos se prepara para imponer nuevas sanciones a Irán”, y teme que Irán responda. Entonces parece que el título es, si no engañoso, por lo menos confuso. Estados Unidos aplicaría sanciones, teme entonces que Irán reaccione, entonces rodea a ese país con un escudo de misiles ¡se “defiende” a unos cuantos miles de kilómetros de su propio territorio! En las fronteras mismas de su eventual enemigo.
¿Cuál es la noticia? ¿EE.UU. se defiende o se dispone a atacar?
“La credibilidad es uno de los valores máximos de LA NACIÓN. Ha sido consolidada a lo largo de las décadas por una conducta basada en la verificación de los datos, la consulta de más de una fuente en cada caso, la vinculación constante con los protagonistas y los agentes de los hechos y procesos acerca de los que debe dar noticia.” (El mismo Manual pág. 45) Esto me exime de mayores comentarios, y es sólo un ejemplo. Toda la información internacional está tratada de forma similar. Siempre una versión, siempre la de un solo lado.
¿Entonces los lectores tienen una visión parcial, totalmente tendenciosa?, cabría preguntarse.
Usted puede sacar sus propias conclusiones. Lea los principales diarios, busque sus fuentes, analice qué tipo de información le dan, y después decida: ¿estoy bien informado o están tratando de inducirme a tener una visión única?
miércoles, 3 de febrero de 2010
¿Se puede saber cuándo nos mienten?
Muchas veces me preguntan cómo desde la prensa se puede modificar la realidad. ¿Acaso no existe en cada uno de nosotros la capacidad de discernir, de darnos cuenta cuándo nos están diciendo la verdad y cuándo nos mienten?, preguntan en forma retórica algunas personas, en especial aquellas que tienen un grado de instrucción superior al común.Mi respuesta es siempre la misma: no todos las personas pueden darse cuenta de las trampas que existen en su camino, si no está familiarizado con él.
Un ejemplo: si se sabe que una calle de barrio suele estar descuidada, uno conduce con precaución, recuerda el pozo o el lomo de burro, y hasta puede adivinar cuando se acerca un peligro… ¿Acaso no vemos en las películas, que el baquiano sortea la trampa y el desprevenido cae en ella y queda colgando de un árbol?
Bueno, en el periodismo es igual (y seguramente en todas profesiones ocurre algo similar), hay reglas que no se deben violar, pero sin embargo se tuercen sutilmente para disimular una intención particular o un interés personal o de grupo.
Cuántas veces yo mismo me encontré afirmando, por ejemplo: “el dictador de tal país”, o asombrándome del crecimiento económico de tal o cual nación, sin más base que lo que se afirma desde los medios que uno escucha o lee. Porque, atención: cuándo uno escucha el noticioso o lee los cables o la información que aparece en los diarios cree que le están dando eso: información pura y simple. Sin embargo, no es así para nada.
Si una agencia de noticias de un país A, informa que en el país B se están produciendo determinados hechos, es deber del medio buscar la información que produce B, para corroborar que eso realmente es así. Y sí la información es contradictoria, habrá que esforzarse para tener una tercera versión neutral para poder brindarla a los lectores u oyentes. Ni que decir si además existen intereses encontrados entre esos países. Allí el esfuerzo deberá ser aún mayor para evitar que los lectores puedan sufrir algún tipo de manipulación indebida.
La táctica del ocultamiento, de dar información sesgada o directamente inexacta, es la que se utiliza durante las guerras, y los argentinos tenemos fresca la memoria del: “estamos ganando”, dicho por los dictadores en el ’82, y repetida hasta el cansancio por los medios, mientras la realidad era muy distinta. Allí seguramente que los medios no buscaban la otra versión. Por los motivos que fueran, y por más justificación que se le quiera encontrar, se violaba la ética periodística, se incumplía el deber de dar a conocer la verdad, los hechos comprobados, y se cumplía con el objetivo de un bando: desinformar.
¿Usted se enteró que algún medio hiciera su autocrítica?
Yo tampoco…
Pero sin llegar a ese extremo, doloroso en particular para nuestro país, hoy se utiliza el mismo método, con diferentes intenciones.
Otro ejemplo: hace unos meses la llamada Gripe A, o porcina, era el terror, la peste negra que se avecinaba. Los grandes medios alertaban, pontificaban y atacaban a funcionarios que no actuaban como debían, al gobierno que no hacía todo lo que estaba en sus manos. Hablaban de casos que se ocultaban, de cifras que se manipulaban… Del terror que amenazaba a la población… ¡de la compra de vacunas! Pocos meses bastaron para que nos diéramos cuenta de que nos habían mentido. Los muertos no eran tales, menos que con la gripe común, que también fue menos mortal que años anteriores, y hoy se investiga internacionalmente a los funcionarios de la Organización Mundial de la Salud, porque se sospecha que fueron coimeados (¡si!), por los grandes laboratorios que hicieron fortunas con el pánico de la gente.
Si esto ocurre en estos niveles, imagine lo que se hace todos los días a lo que pocos le prestan atención, como los ya paradigmáticos y repetidos: “la policía debió intervenir” por “intervino”, o “hubo reajuste de precios”, cuando no se quiere decir: “aumentaron los precios”.
En estos días voy a dar ejemplos concretos, para que estos conceptos queden más claros. Y si alguien tiene comentarios, puede dejarlos al final de esta nota; trataré de responderlos.
martes, 12 de enero de 2010
¿Es el objetivo del Grupo Clarín voltear al gobierno?
Clarín es uno de los grupos monopólicos más fuertes del país, tanto en poderío económico como en influencia. Si a él se le suman sus aliados naturales (junto a La Nación son los casi dueños de “Papel Prensa”, gracias a la dictadura de Videla, además de varios medios del interior del país); y a ello se suman las inversiones del grupo en diversos negocios... su poderío es de temer.Hasta hoy, la influencia de Clarín sobre la política nacional era tan grande, que uno de los directivos principales lanzó hace años la famosa frase: “ningún presidente aguanta cinco tapas seguidas de Clarín”.
Tal vez haya sido exagerado, por quien lo dijo o por la leyenda urbana, pero es evidente que algo (y no poco) tuvo que ver el diario en la caída de Illia, con la permanente defenestración de la persona del presidente. Un vergonzoso golpe de Estado perpetrado por un fundamentalista de la idiotez, terminó con un gobierno honesto, destruyó la Universidad Argentina (miles de profesores tuvieron que emigrar) y llevó al país a un torbellino de violencia como nunca vista.
Recordemos que Clarín nunca se opuso a los presidentes de facto (y mucho menos con el tono y la virulencia que usó contra los constitucionales como Illia, Alfonsín o Kirchner), y que apoyó fervientemente a Videla, que le sirvió en bandeja “Papel Prensa” y con el que compartieron muchos brindis (tal como lo hizo La Nación).
A partir de allí el monopolio se hizo más poderoso, el manejo discrecional del papel base para fabricar los diario
Así lograron, ya con la caída de Alfonsín, grandes ventajas del gobierno de Menem, como la entrada a la TV, antes prohibida, para evitar… monopolios. La entrada al negocio del cable, la entrada al negocio de las AFJP, al negocio del fútbol y de los negocios agropecuarios, entre otros.
Y de Duhalde consiguieron lo que nadie: que después del 2001 sus deudas en dólares se transformaran en pesos. Pavada de ayuda en un país “libremercadista”…
También tenían la televisión por cable y, gracias al gobierno de Néstor Kirchner tuvieron la posibilidad de consolidar otro monopolio con la fusión de Cablevisión y Multicanal (que son de ellos, como tantas otras cosas que uno ni sabe todavía).
Pero con Cristina Kirchner hubo un quiebre. Algo pasó y se terminó la relación a pocos meses de iniciado el gobierno.
Plantándose como contendientes en un ring, los medios concentrados (porque ahora se unieron grupos como los de Vila-Manzano o Pierri o De Narváez) iniciaron una disputa que comenzó con el apoyo a los opositores del campo (no olvidemos que tanto La Nación como Clarín tienen fuertes intereses en ciertos negocios concentrados allí), que terminó con denuncia de la presidenta de intentos de destitución (no sabemos cuánto puede haber de verdad en ello, pero es evidente que antecedentes reales hay muchos).
Finalmente, llegó la nueva ley de Radiodifusión. Que no era una ocurrencia del momento, que estaba en las plataformas de algunos partidos políticos (incluido en el que actualmente está en el poder), que era un pedido reiterado de todos los gremios de la comunicación, de los estudiosos del tema, de las universidades vinculadas a la comunicación, de los intelectuales, artistas, técnicos, etc.
Esta ley, que venía a reemplazar una vieja y dictatorial forma de impedir la participación ciudadana en la comunicación, fue la gota que rebalsó el vaso. Además venía respaldada por una serie de entidades que habían elaborado un proyecto ¡que había sido tenido en cuenta en su casi totalidad por la presidenta! El consenso sobre esa ley era casi absoluto, pero el perjuicio para el mantenimiento del monopolio y de la influencia del Grupo Clarín era grande. Para colmo, poco antes una pelea con el protegido del Grupo (hasta ese momento), Julio Grondona, lo llevó a éste a cambiar de bando y les hizo perder el negocio del fútbol, además de los que ya habían perdido, porque se supone que tenían intereses en las AFJP y en Aerolíneas (pero esa es otra historia).
Hoy, es casi tragicómico advertir hasta dónde llega el poder de los multimedios aliados, cómo pueden manejar la realidad a su antojo y lograr una unanimidad absoluta, donde todos los medios, todos los noticieros, todos sus periodistas empleados tengan la misma voz, la misma visión de la realidad, sin matices, sin diferencias… Ni una sola disidencia. Morales Solá, Grondona, Bonelli, Nelson Castro, Eliachev, la Legrand, Susana Giménez, Silvestre, Luis Majul, por nombrar a los más conocidos, dicen lo mismo, repiten las mismas frases, las mismas consignas. Ni siquiera se diferencian entre sí.
¿Será ésta la última moda del periodismo libre? ¿Hasta el último empleado repitiendo la consignas de sus jefes?
En medio de esta lamentable situación, cómo no dudar sobre la verdadera intención de Martín Redrado a negarse a hacer lo que siempre hizo… Cómo no dudar del dubitativo Cobos que acude urgente en su auxilio… Cómo no prestar atención a que el encargado de hacer la presentación judicial de Redrado es el alabado Gregorio Badeni, abogado de ADEPA, asesor de los grupos monopólicos… Cómo no sospechar de una jueza que está presente en La Nación y en TN, que está de guardia, pero que los fines de semana no, porque los dedica a sus hijas y que hace y deshace según lo que le pide Redrado… Cómo no sospechar cuando los extremos políticos coinciden tanto…
Para nosotros, ciudadanos, ¿no habrá llegado el momento de pensar seriamente en estas cosas y dejar de repetir consignas que intentan meternos a toda hora en la cabeza?¿No habrá llegado el momento de pedir que ¡todos! respeten los tiempos electorales y dejen de pronosticar golpes y caos todos los días?
Tal vez podríamos atenuar muchos de nuestros males, ¿o no?
miércoles, 21 de octubre de 2009
La tapa de La Nación y las reglas del periodismo
Y qué le vamos a hacer… Parece que La Nación está decidida a cambiar las reglas del periodismo. Hoy volvió a hacer punta, con un título que dice una cosa y una nota que dice otra.Ustedes me dirán que eso no es nuevo, que Clarín lo hace todos los días. Por supuesto, pero Clarín tienen un argumento irrebatible: todas sus tapas informativas son para defenderse de los Kirchner y para que sus lectores entiendan de una vez por todas (todavía quedan algunos rebeldes) que el gobierno actual hace todo mal. Que todo lo que recauda el Estado va a parar a los bolsillos de los Kirchner, que cada obra que se inicia es un acto de corrupción, que los proyectos son solo intentos de robar y que los discursos de Cristina son velados ataques a la noble Ernestina y a sus legítimos hijos.
Pero dejando de lado esto, que ahora está claro, vuelvo a La Nación. Algunos creen que tengo algo contra el diario de los Mitre, pero están equivocados totalmente. Leo el diario de los Mitre desde los doce años, porque me parece el mejor escrito, el más informado y el que tiene periodistas de gran calidad y variedad. Por ejemplo, los suplementos deportivos y de espectáculo son infinitamente superiores a los de su competencia directa; es el que tradicionalmente ha sabido utilizar su Fe de erratas y tiene a Lucila Castro, capaz de explicar y corregir las fallas de escritura más comunes que se filtran, cada vez con mayor asiduidad, en sus páginas.
Ojo, también sé quién fue Mitre, sus posturas elitistas, el genocidio de la Guerra de la Triple Alianza y todo eso, y que, por tradición y por ideología, el diario no se cansa de mostrar que está a favor de los más ricos, de los dueños de las tierras de las grandes empresas, a favor de todas las dictaduras que supimos conseguir, de los golpes de estado, del glifosato y del “mundo libre” (¿de competidores?).
Pero también sé que tenía cierta ética (por ejemplo, antes no permitía que sus periodistas recibieran regalos empresarios), que tenía un respetable Manual de Estilo y de Ética que seguía puntualmente. Sin embargo, ahora me confunde un poco.
Pero pasemos a los hechos.
Hoy en su tapa, a cuatro columnas titula:
“Allanan un ministerio porteño y Macri acusa a la Federal”. Arriba, la volanta dice: “El caso de espionaje – Tensión entre la ciudad y la casa rosada”. Y más abajo: “Montenegro denunció una infiltración”.
Entonces uno recurre a los manuales y se pregunta ¿cuál es la noticia? ¿La Federal allanó un ministerio? Eso es lo que dice el título ¿La noticia es que Montenegro descubrió un ‘infiltrado’? ¿Qué se peleó Macri con Cristina?
No señores, aunque parezca mentira, la noticia es que el juez avanza en la investigación por el espionaje que desde el gobierno porteño se hacía sobre docentes y familiares de las víctimas de la AMIA. Y que el allanamiento lo ordenó la Justicia.
No importa lo que se diga después, o cómo se desarrolle la nota, la primera impresión, lo que queda en la mente, es lo que el “periódico independiente” parece hacer: desviar la atención del punto principal y buscar culpables fuera del (¿su protegido?) gobierno de la ciudad.
Seguramente es una apreciación aventurada de mi parte, pero me parece que las reglas de ética y de estilo se las están metiendo en un recóndito espacio multimediático, muy alejado del diario en su versión papel o digital.
Ojalá me equivoque, y que mañana aparezca la siempre bienvenida fe de erratas.
