martes, 19 de enero de 2010

La justicia de espaldas

Una perlita del juez que ahora se ocupa del tema Banco Central

20-03-2009 / Los jueces Ernesto Marinelli y Claudia Rodríguez Vidal son investigados por el Consejo de la Magistratura. Admitieron recursos de amparo que beneficiaron en cifras millonarias al polémico empresario Sergio Taselli. Las sospechas sobre la relación de los magistrados fuera del juzgado y su patrimonio.

Los dos jueces, investigados por el Consejo de la Magistratura Será justicia. O no. Así debería completarse en la actualidad aquel viejo principio rector que solía simbolizar la búsqueda de la equidad. Por estos días las acusaciones cruzadas entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial advierten sobre las falencias de un sistema que permite que sólo 44 de los 1.253 acusados por delitos de lesa humanidad tengan condena efectiva. El mismo en el que conviven paladines del progresismo con representantes del peor conservadurismo. Y en el medio la gente. Con sus reclamos dispares que van desde el ruego por el aceleramiento de los procesos hasta la instauración urgente de la pena capital.
Sin embargo, el costado más oscuro de este modelo lo dibuja la dependencia económica del Poder Judicial y su consiguiente tráfico de influencias. Una práctica nefasta que siempre perjudica al más débil.
En junio de 2004, en simultáneo con el decreto 798 que resolvía rescindir el contrato de concesión firmado con la empresa Transportes Metropolitanos General San Martín S.A., los noticieros y programas de denuncias ocupaban su mayor cuota de pantalla en mostrar el cotidiano vía crucis que soportaban los usuarios del ferrocarril. Personas viajando en el techo, ventanas sin vidrios y una preocupante estadística de muertes sobre rieles. El Estado intervino y la empresa de Sergio Taselli, prestadora del deficiente servicio, debía aceptar sus culpas y dar por finalizada la explotación del destartalado ramal. Motivos sobraban: impuntualidad, severas deficiencias en las condiciones de seguridad, cumplimiento nulo en la adecuación de las estaciones para personas con movilidad reducida y un sinfín de fallas que espantarían al más temerario.
Sin embargo, aquello de que la justicia es ciega a veces no es chiste. Inesperadamente la titular del Juzgado Nacional en lo Contencioso Administrativo Federal Nº 3, Claudia Susana Rodríguez Vidal, dio lugar al amparo presentado por Taselli y dictó una medida cautelar que ordenaba la suspensión de los efectos de ese decreto. Cartón lleno para el empresario, quien no sólo podía continuar usufructuando el ramal, sino también, y lo más importante para él, seguir cobrando los subsidios inherentes a la explotación.
El fallo, por demás curioso, impulsó una investigación en el Consejo de la Magistratura que vio en la actuación de la jueza una clara voluntad de “privilegiar el interés particular del concesionario sobre el interés público”. Finalmente, el 16 de septiembre de 2004 la Cámara Nacional de Apelaciones resolvió declarar la nulidad de todo lo obrado por Rodríguez Vidal y sortear un nuevo juzgado.
El 28 de abril de 2005 la causa recayó en el despacho del magistrado Sergio Fernández, quien inmediatamente rechazó la acción de amparo intentada. Casi sin diferencias en el tiempo, y por un extraño mecanismo de la casualidad o causalidad, tres pisos más arriba del juzgado de Rodríguez Vidal, su colega Ernesto Marinelli incurría en otra práctica inusual. El 21 de julio de 2004, en plena feria judicial, se presentó en su despacho el representante de la Asociación de Protección de Consumidores de Transportes Públicos, una organización destinada a la defensa de los usuarios, a fin de que se declare la inconstitucionalidad del decreto que expropiaba de manos de Taselli el manejo de los trenes. Marinelli, que en ese momento se encontraba de turno, no sólo abrió las puertas de su despacho para atender el reclamo, además resolvió “decretar cautelarmente la suspensión de los efectos del decreto”.
Una vez más el titular del juzgado, Sergio Fernández, debió revocar todo lo actuado anteriormente. Sin embargo, en el caso de Marinelli lo hizo “por contrario imperio”, es decir, obrando por propia autoridad, una figura antipática del derecho que los jueces intentan no usar jamás para evitar polémicas entre sus colegas. Una prueba, por de más contundente, sobre el desempeño de Marinelli.
MAS QUE COLEGAS.
Analizar el desempeño de Vidal Rodríguez y Marinelli por separado sería pecar de cierta ingenuidad. El informe preliminar elaborado por el diputado Carlos Kunkel, también consejero de la Magistratura, da detalles sobre la relación entre ambos que superaría por varios cuerpos la que se da entre colegas.
Según el escrito, “llama poderosamente la atención que al mismo tiempo, desde dos juzgados cuyos titulares mantienen una íntima relación, ordenaran una medida tan grave y seria como la suspensión de los efectos de un acto administrativo del Poder Ejecutivo”. Si bien los datos de los legajos personales de cada uno no arrojan coincidencias por encontrarse desactualizados, ambos han coincidido en más de una oportunidad en el goce de licencias. En este sentido un hecho se destaca por sobre el resto.
El 16 de marzo de 2006 Marinelli debió ser hospitalizado. Al día siguiente Vidal Rodríguez ya gozaba de una licencia por “motivos personales” y fue ella misma la encargada de presentar ante el juzgado los certificados médicos del magistrado para acreditar su dolencia. Una simbiosis particular por donde se la mire. También coincidieron en el pedido de licencias los días 9 y 10 de noviembre de 2006 y el 29 y 30 de marzo de 2007. Todos indicios que, para el informe, develan “el grado de confianza existente entre los jueces investigados”.
PATRIMONIO.
Según los informes realizados por la Secretaría de Transporte de la Nación, “los montos abonados a las empresas integrantes del Grupo Taselli, prestadoras del servicio ferroviario (Transportes Metropolitanos Belgrano Sur, San Martín y Roca) en concepto de compensación de costos de explotación desde julio de 2004 hasta la fecha de rescisión del último de los contratos en el mes de mayo de 2007, asciende a doscientos millones seiscientos veintiocho mil pesos”. Una fortuna, inclusive para los bolsillos anchos del empresario, quien gracias a la actuación de ambos magistrados logró dilatar tres años la rescisión del oneroso contrato.
Por eso, en el Consejo de la Magistratura buscarán también investigar su patrimonio. Marinelli tiene varias propiedades y autos. Entre ellos, casas y departamentos en Villa Devoto y Belgrano. Rodríguez Vidal, por su parte, tiene un lujoso piso en unas exclusivas torres de Palermo y en La Boca, además de propiedades en el conurbano. Curiosamente, los magistrados comparten no sólo licencias y viajes al exterior. También el gusto por los coches: cada uno posee un Renault Laguna y un Volkswagen Golf.

http://www.elargentino.com/nota-33581-La-justicia-de-espaldas.html

lunes, 18 de enero de 2010

EL RALLY Y OTROS DESASTRES

Hay tantas cosas que no pensamos y que dejamos pasar... Por eso es tan interesante lo que dice Menpo Giardinelli




Domingo, 17 de enero de 2010
OPINION
Es el medio ambiente, estúpidos
Por Mempo Giardinelli

Cuando el fiscal de Río Cuarto Walter Guzmán archivó la investigación por la muerte de Natalia Sonia Gallardo –una cordobesa de 28 años que miraba el paso del Rally Dakar– y decidió ni siquiera imputar al piloto alemán Mirco Schultis, la Argentina toda pareció no darse cuenta de lo que esto significa.
“La conducta del corredor es la propia de una carrera” –determinó Guzmán– y la joven “estaba en un lugar donde no era permitido ubicarse”.

Algo así como “algo habrá hecho” la víctima, descartando olímpicamente que el motociclista se salió del camino y atropelló e hirió a varios espectadores, y que había una enorme organización detrás de él.

La joven Gallardo no es la primera víctima del Dakar en Sudamérica. Ya el año pasado tres personas perdieron la vida: el motociclista francés Pascal Terry, encontrado muerto tres días después de desaparecer, y dos ciudadanos en Chile, en un accidente sugestivamente silenciado.

El mismo silencio cubre la historia negra de esta carrera originalmente llamada Rally París-Dakar, que fue prácticamente expulsada de Europa y de Africa, y a la que Francia exigió incluso que se le quitara el nombre de su capital. Salvo aquí, el mundo entero sabe del desprestigio de un “espectáculo” que no es más que la aventura de unos pocos privilegiados, que ha producido ya más de 50 muertes y que por doquier deja desastrosas consecuencias ambientales.

El Rally se hizo famoso por el desafío que era unir en coche Francia con Senegal. En los primeros años no se pensaba en los daños ecológicos que se producían y tampoco se cuestionaba el trato inhumano hacia los habitantes de los países africanos, entonces poco menos que bestias de carga en los campamentos. El Rally era un “safari” y con el tiempo muchos empresarios fueron descubriendo el filón que significaba el concurso de las más famosas marcas de vehículos, bebidas, tabacos y otros artículos de consumo de ricos, más los derechos de televisión.

Pero tuvieron que irse de Africa cuando los países africanos se convirtieron en “inseguros”. Un poco por hartazgo ante el daño ecológico, otro por circunstancias políticas y algunos atentados, el Rally Dakar, con el nombre reducido y nulo prestigio en Europa, debió buscar otros horizontes. Parece que hubo intentos de hacer la carrera en los Estados Unidos (Cañón del Colorado), Canadá y Australia. Pero fracasaron porque esos países, cuando depredan, lo hacen hacia fuera: en sus territorios son rigurosamente conservacionistas.

Entonces apareció la opción sudamericana, donde hay buena rentabilidad, cero rigor ambiental y funcionarios con reputación de coimeros. Argentina y Chile, dos países con reconocida distracción ambiental y nulo combate a la corrupción, eran ideales. Y encima, el cholulismo del poder y de los medios les facilita conseguir subsidios estatales, de manera que buena parte del enorme costo lo terminan pagando los contribuyentes depredados.

Los daños son tremendos, porque en los paisajes andinos, como en los desérticos, la vida vegetal y animal está siempre en delicado equilibrio, que se rompe ante el rugido de cientos de motos, autos y camiones, a grandes velocidades y consumiendo miles de litros de combustibles.

Al parecer, y según informes circulantes en la web, el itinerario fue modificado este año en su paso por Mendoza, porque algunos dueños de tierras les han hecho juicio. En Córdoba también. En cambio La Rioja, Catamarca y San Juan ya se sabe que son tierra de nadie para el desastre ecológico.

Precisamente a finales de 2009 se conoció –aunque los grandes medios porteños casi no le dieron espacio– que la Universidad Nacional de Córdoba, por abrumadora mayoría y luego de un largo debate, rechazó los fondos “donados” por la Minera La Alumbrera de San Juan. Antes lo habían hecho ya las UN de Río Cuarto y de Luján. El doctor Raúl Montenegro, uno de los impulsores del rechazo, calificó la decisión de “histórica” y “profundamente ética” porque los fondos “proceden de una empresa que consume irracionales cantidades de agua en una provincia semiárida, contamina el ambiente y rompe los tejidos sociales con sus practicas clientelares” .

No son meras palabras: desde 1997 la mina utiliza 95 millones de litros de agua por día que obtiene en Campo del Arenal, una reserva de agua subterránea poco conocida. Consume el 25 por ciento de la energía eléctrica del NOA y el 87 por ciento del consumo total de la provincia de Catamarca. Y desde 1999 se detectan drenajes ácidos que, según Montenegro, “son la peor amenaza de la minería”. Los efectos contaminantes no se reducen a Catamarca; se han comprobado en Tucumán y hasta en el embalse de Río Hondo, Santiago del Estero.

La prensa nacional calló, casi masivamente, la represión del 19 de diciembre pasado en Andalgalá, donde fuerzas de Gendarmería desalojaron la ruta donde los habitantes protestaban contra la minera. ¿Por qué? Porque el pueblo entero de Andalgalá, de 20.000 habitantes, fue vendido recientemente para la explotación minera y va a desaparecer.

La indefensión ambiental argentina es ya escandalosa. Ahí están los canales de Areco y los miles que debe haber en todo el territorio bonaerense aunque lo nieguen los señores Biolcati y Buzzi. Ahí está la amenaza al Ayuí en Corrientes. Ahí la minería depredadora en San Juan y otras provincias. Ahí la inoperancia manifiesta de la Ley de Bosques. Y ahí el insólito, ya insostenible veto presidencial a la Ley de Defensa de los Glaciares.

¿Cómo es posible que el Gobierno no advierta la estupidez de ese veto, tan grave como su inacción frente a las mineras y su permisividad con “espectáculos” como este rally, en el que hasta las Fuerzas Armadas prestan colaboración? ¿Y que en la durísima oposición casi ningún dirigente ni partido, con la sola excepción de Pino Solanas, se ocupe de estos asuntos? ¿Y que la gran mayoría de los argentinos, y sobre todo sus dirigentes, sean tan inconscientes, o corruptos, que no reaccionan ante la destrucción de nuestro hermoso territorio?

Es desesperante que a estas preguntas las responda el silencio. Es gravísimo que seamos uno de los países más estúpida y ambientalmente suicidas del planeta.

http://www.pagina12.com.ar/diario/%20sociedad/%203-138616.%20html

martes, 12 de enero de 2010

¿Es el objetivo del Grupo Clarín voltear al gobierno?

Clarín es uno de los grupos monopólicos más fuertes del país, tanto en poderío económico como en influencia. Si a él se le suman sus aliados naturales (junto a La Nación son los casi dueños de “Papel Prensa”, gracias a la dictadura de Videla, además de varios medios del interior del país); y a ello se suman las inversiones del grupo en diversos negocios... su poderío es de temer.

Hasta hoy, la influencia de Clarín sobre la política nacional era tan grande, que uno de los directivos principales lanzó hace años la famosa frase: “ningún presidente aguanta cinco tapas seguidas de Clarín”.

Tal vez haya sido exagerado, por quien lo dijo o por la leyenda urbana, pero es evidente que algo (y no poco) tuvo que ver el diario en la caída de Illia, con la permanente defenestración de la persona del presidente. Un vergonzoso golpe de Estado perpetrado por un fundamentalista de la idiotez, terminó con un gobierno honesto, destruyó la Universidad Argentina (miles de profesores tuvieron que emigrar) y llevó al país a un torbellino de violencia como nunca vista.

Recordemos que Clarín nunca se opuso a los presidentes de facto (y mucho menos con el tono y la virulencia que usó contra los constitucionales como Illia, Alfonsín o Kirchner), y que apoyó fervientemente a Videla, que le sirvió en bandeja “Papel Prensa” y con el que compartieron muchos brindis (tal como lo hizo La Nación).

A partir de allí el monopolio se hizo más poderoso, el manejo discrecional del papel base para fabricar los diarios les permitió eliminar toda competencia o, por lo menos, mantenerla acotada, y su influencia se hizo mayor.

Así lograron, ya con la caída de Alfonsín, grandes ventajas del gobierno de Menem, como la entrada a la TV, antes prohibida, para evitar… monopolios. La entrada al negocio del cable, la entrada al negocio de las AFJP, al negocio del fútbol y de los negocios agropecuarios, entre otros.
Y de Duhalde consiguieron lo que nadie: que después del 2001 sus deudas en dólares se transformaran en pesos. Pavada de ayuda en un país “libremercadista”…

También tenían la televisión por cable y, gracias al gobierno de Néstor Kirchner tuvieron la posibilidad de consolidar otro monopolio con la fusión de Cablevisión y Multicanal (que son de ellos, como tantas otras cosas que uno ni sabe todavía).
Pero con Cristina Kirchner hubo un quiebre. Algo pasó y se terminó la relación a pocos meses de iniciado el gobierno.

Plantándose como contendientes en un ring, los medios concentrados (porque ahora se unieron grupos como los de Vila-Manzano o Pierri o De Narváez) iniciaron una disputa que comenzó con el apoyo a los opositores del campo (no olvidemos que tanto La Nación como Clarín tienen fuertes intereses en ciertos negocios concentrados allí), que terminó con denuncia de la presidenta de intentos de destitución (no sabemos cuánto puede haber de verdad en ello, pero es evidente que antecedentes reales hay muchos).

Finalmente, llegó la nueva ley de Radiodifusión. Que no era una ocurrencia del momento, que estaba en las plataformas de algunos partidos políticos (incluido en el que actualmente está en el poder), que era un pedido reiterado de todos los gremios de la comunicación, de los estudiosos del tema, de las universidades vinculadas a la comunicación, de los intelectuales, artistas, técnicos, etc.

Esta ley, que venía a reemplazar una vieja y dictatorial forma de impedir la participación ciudadana en la comunicación, fue la gota que rebalsó el vaso. Además venía respaldada por una serie de entidades que habían elaborado un proyecto ¡que había sido tenido en cuenta en su casi totalidad por la presidenta! El consenso sobre esa ley era casi absoluto, pero el perjuicio para el mantenimiento del monopolio y de la influencia del Grupo Clarín era grande. Para colmo, poco antes una pelea con el protegido del Grupo (hasta ese momento), Julio Grondona, lo llevó a éste a cambiar de bando y les hizo perder el negocio del fútbol, además de los que ya habían perdido, porque se supone que tenían intereses en las AFJP y en Aerolíneas (pero esa es otra historia).

Hoy, es casi tragicómico advertir hasta dónde llega el poder de los multimedios aliados, cómo pueden manejar la realidad a su antojo y lograr una unanimidad absoluta, donde todos los medios, todos los noticieros, todos sus periodistas empleados tengan la misma voz, la misma visión de la realidad, sin matices, sin diferencias… Ni una sola disidencia. Morales Solá, Grondona, Bonelli, Nelson Castro, Eliachev, la Legrand, Susana Giménez, Silvestre, Luis Majul, por nombrar a los más conocidos, dicen lo mismo, repiten las mismas frases, las mismas consignas. Ni siquiera se diferencian entre sí.
¿Será ésta la última moda del periodismo libre? ¿Hasta el último empleado repitiendo la consignas de sus jefes?

En medio de esta lamentable situación, cómo no dudar sobre la verdadera intención de Martín Redrado a negarse a hacer lo que siempre hizo… Cómo no dudar del dubitativo Cobos que acude urgente en su auxilio… Cómo no prestar atención a que el encargado de hacer la presentación judicial de Redrado es el alabado Gregorio Badeni, abogado de ADEPA, asesor de los grupos monopólicos… Cómo no sospechar de una jueza que está presente en La Nación y en TN, que está de guardia, pero que los fines de semana no, porque los dedica a sus hijas y que hace y deshace según lo que le pide Redrado… Cómo no sospechar cuando los extremos políticos coinciden tanto…

Para nosotros, ciudadanos, ¿no habrá llegado el momento de pensar seriamente en estas cosas y dejar de repetir consignas que intentan meternos a toda hora en la cabeza?¿No habrá llegado el momento de pedir que ¡todos! respeten los tiempos electorales y dejen de pronosticar golpes y caos todos los días?

¿Y si hacemos la prueba de apagar los televisores y dejamos de leer los diarios por un mes? ¿Y si durante ese tiempo nos dedicamos a nuestro trabajo y a nuestras familias?
Tal vez podríamos atenuar muchos de nuestros males, ¿o no?

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Manual de estilo del periodismo negro

por Orlando Barone
Un periodista que se precie no puede ignorar que cualquiera sea la cantidad de crímenes que se cometan por día, basta uno solo para tratarlo con la potencia de cientos.

Y si ocurriera nada más que medio crimen, igual hay que tratarlo como múltiple.

Cuando un experto o una autoridad presentan estadísticas que desmerecen el auge del delito, hay que responderles con ironía, que será porque las balas en el cuerpo de las víctimas son sensaciones.

Y si el periodista aspira a tener éxito debe tener en cuenta que el delito contra un famoso es más efectista y rendidor que el que se comete contra otro cualquiera y anónimo.

Además, como recurso aumentativo, debe afanarse en hacer hablar –aunque agonice- a la víctima, o a los parientes conmocionados.

Y estar atento a que los más desgarrados y llorados lucen más convincentes que quienes se contienen y lloran sin lágrimas.

Y aprovechar su desconsuelo para extraerles deseos de venganza y, en lo posible, lograr que vociferen por la pena de muerte.

Y todavía más: doble condena a muerte.

Si una estrella o ídolo famoso adhiere al linchamiento o al garrote cruel, mejor todavía.
Y repiquetear con la frase común a la farándula: ¡Hagan algo, nos están matando!

La crónica requiere que al darse la información policíaca, es incompetente constreñirse solo al balazo o la puñalada. Sino que se debe describir con delectación por qué lugar de la cabeza ingresó el proyectil calibre extra large, qué descalabro hizo al ir produciendo el agujero dentro del cráneo, y cómo explotó antes de salir por la nuca.

Y si se tratara de crimen con puñal, precisar que órgano interesó y si lo destripó en zigzag u oblicuamente.

Y por supuesto no olvidarse de detalles intimistas de la víctima: si la plata que le robaron era para pagar la cuota de la casita, o la operación para dejar de ser ciego, o si el perro que tenía ya no come y sigue esperando al dueño en el lugar donde yació acribillado.

Si la noticia es una violación ir con entusiasmo al sexualismo.

Y pronunciar la palabra sonante bien silabeada. “ViÓ la CIÓN.

Y ampliar los detalles sobre si se trató de penetración frontal, bilateral o bucal y si es posible cuántas veces.

Cuando haya vecinos reunidos y enfurecidos señalando la casa del posible
sospechoso, azuzarlos con el micrófono y las cámaras de modo que se sientan protagonistas de una epopeya.

Y si el periodista es sagaz, tratar de instigar a los vecinos diciéndoles que no hay que atentar contra la guarida del sospechoso, insinuando que no se les ocurra incendiarla ni hacer justicia por mano propia o ir a buscar kerosén… hasta que los vecinos no aguantan más, traen un bidón y le acercan un fósforo bien delante de la cámara para salir de frente.

Nunca un cronista que se precie debe dejar de proclamar –a medida que informa- que la gente quiere los derechos humanos para la gente buena, no para los delincuentes, y que estos entran por una puerta y salen por otra.

Y ante la sentencia del tribunal a un culpable decir que es un fallo polémico y que veinte años de cárcel no alcanzan para conformar a los deudos.

Durante la crónica insistir con la palabra impunidad y también repiquetear con la palabra inseguridad que son como la amenaza de un arsenal de destrucción masiva.

Aunque la mayor inseguridad es la realidad mediática.

Es eficaz a la crónica desechar datos y estudios que contextualicen y enfríen el tragedismo argentino.

Y hay que saber que un día sin muerto es un noticiero muerto.

Porque si no se infunde miedo, dolor y sed de venganza, no se ejerce bien el periodismo negro.

Leído por Orlando Barone el 10 de noviembre de 2009 en Radio del Plata.
Gentileza de Nestor Gorojovsky nmgoro@gmail.com

lunes, 14 de diciembre de 2009

Paranoia en el taxi

Así nos quieren los medios de desinformación. Con miedo permanente. Incapaces de razonar, listos para reaccionar a sus estímulos. Preparados para comprar lo que ellos nos vendan.

Ya no se necesitan dictaduras sangrientas, sólo una manipulación constante y permanente para meterle a la masa las ideas que lo spoderosos quieren que predominen.

¿No es el Gran hermano de Orwell en el siglo XXI?

viernes, 11 de diciembre de 2009

Cómo se quedaron con "Papel Prensa" los Multimedios"

En el número anterior se hablaba sobre Papel Prensa, la fábrica proveedora del papel con que se hacen los diarios y periódicos, y se explicaba que la mayor parte de sus acciones está en manos de dos grupos: Clarín y La Nación, mientras el resto pertenece al Estado nacional.

Este monopolio, es claramente limitativo de la igualdad de oportunidades, ya que la provisión del papel y los precios son controlados por sus dueños que, para colmo, se resisten a transparentar los manejos internos de la empresa a sus propios socios (el Estado).

El conocimiento de esos manejos es imprescindible para saber si se incurre en prácticas monopólicas y se perjudica al resto de los diarios y periódicos del país, en beneficio de los socios mayoritarios.

El Estado, como socio de la empresa, y como representante de todos los ciudadanos (entre ellos quienes puedan sufrir esas prácticas prohibidas), está obligado a controlar. Pero claro, siempre existe algún lector que critica al semanario «Prensa Libre» porque está a favor del «control de la prensa por parte del Estado». Y que opina ingenuamente que en un país libre: «cualquiera puede poner una fábrica de papel y hacer competencia…» Como se sabe, cada cuál lee lo que quiere, y puede opinar lo que quiera, pero lo que ignora el señor es que no se les ocurrió un día a Clarín y La Nación construir una planta de fabricación de papel y la hicieron.

En realidad fue un largo proceso que arrancó en la década del ’60, con un impuesto del 10% a la importación del papel para crear un fondo para la planta. O sea, que todos los diarios del país, grandes y chicos, contribuyeron a la empresa (de la que hoy no son dueños), bajo el control del Estado, que no estaba manejado por un soviético, sino por un militar: Onganía.

El crecimiento del proyecto, tampoco se dio bajo un gobierno socialista, sino bajo la presidencia (de facto) del general Lanusse. La mayor parte de las acciones pasaron a manos del señor David Graiver (por acuerdos político-empresariales realizados en 1972) y la planta se termina, ya bajo otra dictadura: la de Videla. El costo total de la obra se acercaba a los 42 millones de dólares, según anunció el gobierno en 1977 (se decía que había superado ampliamente esa cifra), y las acciones, que estaban en poder de los herederos, pasaron, por «gentileza» de estos a manos del gobierno militar.

Según denunciaron los herederos (Lidia Papaleo era la esposa de David Graiver), fueron detenidos y torturados, como Edgardo Sajón, el jefe de prensa de Lanusse (todavía desaparecido) y Jacobo Timmerman (que había apoyado al golpe), luego liberado. El trasfondo de estos manejos, como se ve, difícilmente se pueda conocer en su totalidad, pero lo interesante es que en 1977 son convocados, por Videla, los dueños de Clarín, La Nación, La Razón (Peralta Ramos) y La Prensa, para ofrecerles las acciones de Graiver a 8 millones de dólares (buen precio, cuando ya se hablaba de un valor de más de 200) La Prensa (de Gainza Paz) se niega a participar por razones éticas y todo queda en manos de esos tres medios, que se convierten en dos, cuando Clarín compra La Razón.

¿Por qué se le entrega a bajo precio semejante poder a esos medios? Cada cual puede sacar sus conclusiones, pero acá sí que hubo participación del Estado y nadie se quejó.

Y para que quede claro: ningún gobierno democrático intervino nunca hasta hoy. Sólo existe una investigación oficial, la del fiscal Molinas en 1988, con un dictamen donde se acusa a todos los participantes, incluido el Estado, pero por esas cosas de la vida, después de algunos años, la causa prescribió.

Eso sí, a nadie se le ocurra hablar de estas cosas, porque cuando se critica a los paladines de la libre prensa o se intenta saber si pagan sus impuestos, se está atacando a la libertad de prensa que ellos defienden: sus intereses empresariales.

El Estado tiene la obligación de controlar "Papel Prensa"

No se trata de cualquier empresa, es la única que fabrica el papel con que se hacen los diarios y periódicos, y en este momento la mayor parte de sus acciones (en un 63%) está en manos de dos grupos: Clarín y La Nación. El resto pertenece al Estado nacional.

Hasta ahora, los dos multimedios hicieron lo que quisieron. Entiéndase por ello que retacearon el papel, la materia prima con que se imprimen los diarios, a sus competidores y se aseguraron la provisión, para ellos y para sus múltiples emprendimientos. Esto queda demostrado por el hecho de que ellos utilizan más del 70% de la producción para sí, en tanto que el resto de los medios, tanto los llamados nacionales, como los provinciales y los locales, como Prensa Libre, deben conformarse con lo que sobra.

¿Qué pasa cuando se necesita más papel? De acuerdo a un cálculo aproximado, hay que pagarlo un 60% más caro.

Una de las pruebas más fehacientes de estos actos monopólicos de los grupos aliados es lo vivido por “Crónica”, que antes de que se iniciara este proceso era el diario de mayor tirada y hoy está al borde de la quiebra. Durante muchos años fueron en vano las amargas protestas de Héctor Ricardo García, quien (al quedar fuera del negocio) tenía que pagar más caro la mayor tirada de su diario. Algo similar denunciaba el director de “Ámbito Financiero”, Julio Ramos, hasta poco antes de su muerte.

Los que no lo denuncian, como el diario “Perfil” (que debió cerrar su diario hace pocos años por los costos del papel), es porque necesitan del monopolio para subsistir. Porque el monopolio aprieta pero no ahorca: mientras un medio no se constituya en su competencia lo dejará subsistir, pero no podrá crecer más de lo que ellos quieran.

Por eso el Estado, como representante de todos los que no somos ni Clarín ni La Nación, debe velar porque el papel sea provisto para todos por igual y al mismo precio.

Ese fue el espíritu con que se creó la empresa mixta (por lo menos el declarado) y eso es garantizar la libertad de prensa y la libertad de empresa.

Mientras Clarín y La Nación sigan manejando a su arbitrio la producción de la materia prima y su comercialización, será absurdo pregonar que existen algunas de las dos libertades.

Lo único que existirá es (como hasta ahora) el control absoluto de la información por parte de los multimedios.